Diciembre: el desgaste que no se vea y cómo manejar el estrés de fin de año
El último mes del año no es sólo alegría y festejos, también agarra a muchos con el cansancio a full por encima. La mezcla de trabajo, familia y gasto extra hace que el agotamiento físico y mental se note más que nunca.
Cuando empieza diciembre, más de uno siente que está terminando el tanque de nafta. Las vueltas laborales, las juntadas interminables y la plata que se va de las manos hacen que este mes se transforme en un combo pesado que pega duro en el cuerpo y la cabeza.
Carla Fernández, psicóloga con matrícula MN 79869, cuenta que esta época es como esos momentos que no te podés zafar de la mochila que arrastras todo el año: "Yo creo que uno trae encima todo el cansancio y desgaste del año. De repente se corta la rutina y hay que reacomodarse. Más aún si sos mamá o papá. Y no estamos solos, porque cuando todos andan igual, ese malestar se siente más fuerte."
Además, el tema de que el laburo y el cole terminan encima de tus horarios y la voluntad de cumplir con las fiestas hace que para un montón de familias la organización sea un despelote. Y con eso, cada vez menos tiempo para parar la oreja y recargar pilas.
Fernández destaca otros factores: "El cansancio mental y físico, la locura de preparar las fiestas y, claro, la guita que se va, que diciembre no perdona". Y seguro también esas emociones que aparecen en estas fechas, que a veces durante el año uno se las bancaba mejor, ahora se hacen sentir con más fuerza.
Los expertos de Harvard Medical School también ponen el ojo en que los cambios de rutina y los contactos sociales de las fiestas no sólo complican la cabeza, sino que afectan el cerebro directamente. Las presiones, expectativas y recuerdos en estas fechas generan más estrés y hacen que manejar lo que se siente sea un laburo extra.
¿Cómo se nota? La psicóloga lo define claro: "La impaciencia, las respuestas aceleradas y la ansiedad son señales. Se ve que la gente anda a mil y de malhumor." Pero ojo, no hay que pasar por alto estas señales porque el estrés prolongado lastima la salud tanto mental como corporal.
Las fiestas, con toda su mística familiar, pueden ser tanto un abrazo como un tirón de orejas. "Estar bien, juntarse, cumplir con la familia... todo eso trae su carga y genera tensión y culpa si no se está al cien por ciento", aclara Fernández.
Para pasarla mejor, el consejo que manda es poner lo personal arriba: "Hacé lo que querés y te hace bien. Elegí lo que te deje tranquilo. Buscá momentos copados para distraerte y no quedarte clavado en la rutina. Un ratito para vos es fundamental."
La ciencia no miente: planificar descansos y bajarle tres cambios a la autoexigencia ayuda un montón a reducir el estrés y levantar el ánimo. En estos días, escucharse y poner límites es clave para sobrevivir a diciembre con salud y un poco de alegría.