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Alimento para el alma

Navidad con sazón sanjuanina: tallarines, cariño y esperanza en el plato para quienes no tienen un techo

En la Capilla Nuestra Señora de la Paz, el Círculo Movimiento de Juventud volvió a poner el corazón para que más de cien personas en situación de calle tengan una Navidad con comida caliente, abrigo y palabras que reconfortan.

Navidad con sazón sanjuanina: tallarines, cariño y esperanza en el plato para quienes no tienen un techo

Mientras la ciudad se llena de luces y los que pueden hacen las compras apuradas, en un rinconcito de San Luis y Estados Unidos la Navidad se siente bien diferente. No hay mantel ni vajilla reluciente, pero sí un plato humeante, sonrisas de verdad y un compromiso que va más allá de la formalidad.

En la Capilla Nuestra Señora de la Paz, cada martes el Movimiento Círculo de Juventud pone en marcha un operativo solidario que alimenta a entre 100 y 150 personas que viven en la calle. Al frente de esta movida están Laura Fernández y Andrés Vega, que no solo arman los menús sino que a veces ponen mano en el bolsillo propio para que la olla nunca se enfríe.

"Algunas semanas conseguimos ayuda, otras ponemos de nuestro bolsillo", cuentan con esa sencillez que sólo entiende el que pone el cuerpo de verdad. Es que quienes pasan por ahí reciben no solo una cena completa y un postre, sino también un paquetito para el desayuno del día siguiente. Pequeños gestos que, para quienes no tienen dónde apoyar la cabeza, son un abrazo por dentro.

El último martes antes de Navidad la movida fue otra. Una fiesta en cada plato: tallarines con tuco casero, empanadas donadas por un alma solidaria, y ensalada de frutas gracias a Katsuda Plásticos. Para coronar, cada uno se llevó un pan dulce y un budín, para compartir o guardar y endulzar la noche más anhelada del año.

La cadena de buena onda se estiró más allá del comedor. Mamás y docentes del Colegio Juan Fanzolato, que trajeron panes dulces, juguetes y ropa para los gurises. Y también del Colegio de la Medalla Milagrosa, con una lluvia de budines y panes. Ambas instituciones tienen un vínculo fuerte con Laura, que dio clases ahí antes de jubilarse y que hoy sigue haciendo comunidad de corazón.

Además, colaboraron con dinero varios vecinos que permitieron comprar lo necesario para el tuco y los fideos. Nada queda de sobra ni se tira: todo se transforma en comida, calidez y dignidad.

Lo que pasa cada martes en el comedor de la Capilla Nuestra Señora de la Paz no es sólo una ayuda: es un acto de comunidad donde todos cuentan, donde cada persona sin techo recibe un plato con respeto, cariño y su nombre propio. Porque a veces, el verdadero corazón de la Navidad no está bajo el árbol sino en una mesa que abraza y da esperanza.

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