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Religión

¡Una Nochebuena para el recuerdo! León XIV celebra su bautismo papal en la Basílica de San Pedro

En la emblemática Basílica de San Pedro, el Papa León XIV encabezó su primera misa navideña, dejando un mensaje profundamente conmovedor sobre la luz, la esperanza y el amor que trae el Niño Jesús. Una ceremonia que atrapó corazones y despertó emociones en todo el mundo.

¡Una Nochebuena para el recuerdo! León XIV celebra su bautismo papal en la Basílica de San Pedro

León XIV se calzó la sotana papal y no dejó a nadie afuera en su estreno celestial: festejó su primer misa de Nochebuena en la majestuosa Basílica de San Pedro, justo a las 21.30 hora local (17.30 acá en Argentina), con el peso de una tradición milenaria sobre sus hombros.

Como un viejo zorro del barrio que sabe lo que habla, arrancó con fuerza: "En el niño Jesús Dios da al mundo una nueva vida, la suya, para todos. No es una idea que resuelva todos los problemas, sino una historia de amor que nos involucra". Nada de discursos fríos, esto fue de verdad y hasta te toca el corazón bien de cerca.

En su homilía, trajo a la memoria esa oscuridad en la que andábamos metidos hasta que "una gran luz" apareció: la estrella que no es cualquier cosita, sino la señal divina que cambió todo esto que vivimos. "Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador", ¡una fiesta que trascendió siglos y sigue resonando fuerte en cada alma que quiere creer!

Para el Papa, la cosa no es algo lejano ni complicado: "La omnipotencia de Dios resplandece en la impotencia de un recién nacido", y dijo más claro que el agua que la humildad del niño Jesús nos saca del apuro y nos muestra lo que vale la vida de cada uno.

Y ojo, porque recordó las palabras de Benedicto XVI que aún hacen temblar: "en la tierra no hay espacio para Dios si no hay espacio para el hombre". Acá nos la dejó clarita: no abrirle la puerta a uno es cerrar el portón para todos.

León XIV cerró con un llamado a despertar, a dejar atrás la noche mortal como hicieron los pastores, y a abrazar ese fuego de luz y esperanza que trae el Niño. La misa no fue solo un rito, fue una invitación a llevar alegría, fe y amor para transformar hasta la última sombra.

Una Nochebuena que quedó grabada con letras doradas en la historia del Vaticano, y que nos invita a estar más cerca, alma con alma, con ese mensaje eterno que no deja de brillar.

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