Se va un ícono: Las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús cierran capítulo tras casi 140 años en San Juan
Después de una trayectoria que dejó huellas imborrables, la comunidad religiosa dice adiós a la provincia sanjuanina. La emoción y el recuerdo se sienten fuerte en el Colegio La Inmaculada, donde sigue vivo su espíritu educativo y espiritual.
Tras más de un siglo y medio dando batalla, las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús se despiden de San Juan, dejando una marca profunda en el corazón de miles de sanjuaninos que pasaron por sus aulas y se vieron tocados por su mensaje y su entrega. La emoción latió fuerte en la capilla del Colegio La Inmaculada, en pleno centro de la capital, donde antiguos alumnos, docentes fieles, familias y vecinos se unieron para decir hasta pronto a esta institución que fue mucho más que una escuela.
Todo comenzó allá por 1886, cuando esta congregación llegó decidida a formar y educar bajo la bandera de los valores cristianos. Con el correr de los años, su proyecto creció y se metió en el alma sanjuanina, convirtiéndose en un referente que supo acompañar a grandes y chicos a lo largo de generaciones.
En un mano a mano con Telesol, la Hermana Cecilia Sarmiento aclaró que el motivo para dar este paso no vino por conflictos ni problemas de la institución, sino por un desafío interno: la comunidad se fue achicando y con menos vocaciones no era posible sostener la misma cantidad de trabajos. "Somos pocas y eso nos obliga a reordenarnos", expresó con honestidad.
Aunque la partida de las hermanas pone fin a esta etapa, la escuela La Inmaculada no afloja ni un poco. La dirección y gestión quedarán ahora en manos de laicos comprometidos que van a mantener firme el legado que las hermanas dejaron, tanto en la formación como en los espacios de espiritualidad y en cada rincón del colegio. Además, una hermana se hará presente cada mes para brindar ese acompañamiento tan especial que las caracteriza.
Las tres religiosas que vivían en San Juan partirán hacia nuevas misiones en Córdoba, donde continuarán su importante labor ayudando en otras casas, apoyando a hermanas mayores y participando en la sede central de la congregación.
Así, con sentimientos encontrados entre gratitud y nostalgia, las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús cierran un capítulo que hasta hoy formó parte fundamental de la historia educativa y espiritual de nuestra provincia. Pero mientras siga latiendo ese espíritu en cada aula y en cada joven que recibió su enseñanza, ese legado seguirá más vivo que nunca.