Día del Camionero: historias de ruta, sacrificios y camaradería en la tierra sanjuanina
Este 15 de diciembre, en el Día del Camionero, Alejandro Aráoz relata la vida y los desafíos de quienes recorren las rutas argentinas, entre largas ausencias y un compañerismo que es la gran compañía en el camino.
Este lunes 15 de diciembre, más de 200 mil trabajadores del transporte celebran en todo el país el Día del Camionero. Son hombres y mujeres que se la bancan a puro kilómetro, semanas enteras lejos de sus casas, moviendo la enorme rueda que hace girar el país. Entre ellos está Alejandro Aráoz, un chofer sanjuanino que nos regala una charla desde la ruta, mientras transita por el norte argentino.
Andando entre General Güemes, en Salta, Alejandro confesó que llevaba casi un mes curtido afuera de su hogar, cargando cemento después de haber descargado en Jujuy. "Hace 13 años que estoy arriba del camión", contó sin vueltas, dejando en claro que esta laburo se elige con corazón y se sostiene con mucha pasión.
Para él, la vida en la ruta es una mezcla de paisajes, libertad y viaje, pero no quita que también jala cansancio y sacrificios duros. "Es lindo para el que le gusta. A mí me gustó desde chico. La ruta, los lugares que conocés, todo eso tiene su encanto", aseguró. Pero no escondió lo más bravo: el estar lejos de la familia y las interminables ausencias que el oficio trae.
Un punto que resaltó fue la hermandad entre camioneros, esa red silenciosa que se arma desde acá hasta el otro lado del país. Paradores, estaciones de servicio y esos grupos de WhatsApp que conocen todos, son los refugios y puntos de encuentro para cuidarse. "Siempre nos damos una mano. Nos avisamos dónde parar a comer, a dormir, dónde es más seguro. Entre colegas nos cuidamos", explicó. Un dato que para muchos puede ser oro: desde dónde hay duchas gratis hasta qué lugar conviene para cargar nafta.
En el camino no siempre se ven las caras conocidas. Depende del laburo y la empresa. "Hay camioneros que no ves por años y de repente te los encontrás en una ruta, en otra provincia. Es un reencuentro, compartir unos mates y recordar viejos tiempos", contó.
La ruta también guarda sus misterios y relatos que se pasan de generación en generación. Alejandro escuchó de esos lugares donde "no parás, no mirás para el costado". "A veces da miedo, a veces intriga", dijo entre risas nerviosas, aunque aclaró que jamás le tocó vivir un episodio extremo, pero esas historias son parte del folclore camionero.
Otro tema que mencionó fue el del "llevar a dedo", algo que con el tiempo se fue perdiendo. Antes era común dar una mano a quien necesitaba, pero con la inseguridad y reglas de las empresas, eso casi no pasa. "Está prohibido llevar acompañantes. A veces se ayudaba a maestras o policías en trayectos cortos, pero hoy ya casi no se ve", detalló.
Cuando habló de sueldo, fue sincero y concreto: la realidad no es la misma para todos. "Depende mucho de la empresa y del tipo de trabajo. Hay quienes hacen muchos viajes y otros que no. En mi caso, me va bien, pero a costa de estar lejos de casa", contó con el corazón en la voz. Su familia lo espera en San Juan Capital, y ese respaldo es el motor que lo impulsa a seguir.
Antes de colgar, le mandó un saludo fuerte y claro a su mujer, a sus pibes y a todos los choferes del país. "Es un trabajo duro, pero gracias al apoyo de la familia se puede. Feliz día para todos y buena ruta", cerró.
En esta fecha especial, la historia de Alejandro Aráoz refleja el esfuerzo de miles de camioneros que, entre mates compartidos, kilómetros y noches en la cabina, mantienen vivo el movimiento diario de la Argentina.