San Martín: entre suegras peleadoras, cinco rozones con la muerte y un humor que encantaba
En "San Martín en persona", el periodista Daniel Miguez pinta al Libertador de América desde un costado más humano, con sus defectos, sus risas y esos momentos íntimos que nunca figuraron en las páginas oficiales.
¿Sabías que José de San Martín no solo fue el cerebro detrás de la independencia, sino también un tipo con sus quilombos familiares? Contaba la leyenda que la relación con su suegra era un tema de nunca acabar. Y con Merceditas, una de sus hijas medio rebelde, tampoco se llevaba tan dulce. Todo un tipo algo distante con su parentela, como tantos patriotas que dejaron la patria en primer plano.
Pero ojo, no todo era bronca: el General tenía un chismerío que le hacía ganar simpatías a montones. Tanto es así que logró sentar cabeza con figuras grosas de la época: de Napoleón a Balzac —un dato para agendar: ambos murieron con un día de diferencia, el 18 de agosto de 1850—, pasando por Rossini y el último rey de Francia, Luis Felipe I. Y, como buen casamentero, intentó aunar parejas para sus compinches, con resultados dispares.
En el amor personal, más allá de Remedios de Escalada, se movieron en su corazón otras dos figuras femeninas como la ecuatoriana Rosa Campuzano y la mexicana María Josefa Morales de los Ríos. Una vida intensa, con luces y sombras que muchas veces se ocultan bajo la solemnidad histórica.
Si te prenden los datos duros: a San Martín nunca le tiraron con el acta de nacimiento —se calcula la fecha según su partida de defunción—, manejaba la guitarra y la pintura, cruzó la cordillera nada menos que ocho veces y anduvo dando vueltas por 17 ciudades en siete países distintos. Además, le estuvo varias veces al acecho la muerte, nada menos que cinco veces se le escapó de las garras.
Siempre soñó con volver a su patria pero el destino quiso otra cosa. Para entrar en los detalles más jugosos y entrar en este lado menos visto del Libertador, hay que leerse "San Martín en Persona", con la pluma de Daniel Miguez, y el sello de Planeta. El libro cuenta con el prólogo de Felipe Pigna y la contratapa de Guillermo Saccomano, otro grande de la literatura argentina.
Como bien apunta Miguez, "Por supuesto que se le pueden señalar defectos a San Martín, como a cualquiera. Algunos son la contracara de virtudes. Se le endilga cierto desapego a la familia. Es cierto. Pero un padre o una madre que pone el despertador, desayuna, se va a trabajar, vuelve a la tardecita, ayuda con las tareas de la escuela y juega con los hijos antes de cenar e irse a dormir, no estaría en condiciones de liberar América".
Y sigue, poniendo el foco en los cuestionamientos que suele recibir el prócer: "Se le señala su ambición de poder. Es cierto. Pero el que quiere cambiar el sistema político y económico, necesita tener el poder. Otras conductas que hoy serían cuestionadas hay que entenderlas, como sucede siempre en la historia, en el contexto cultural de su época".
Este no es un libro biográfico tradicional, sino un compendio de las historias y momentos que muestran la personalidad del hombre detrás del uniforme: desde sus vínculos familiares y amistades hasta sus días más allá de la guerra y la política —aunque esos mundos siempre se entrelazaron.
Felipe Pigna lo define así: "Este libro va más allá de la solemnidad del bronce para ofrecer un retrato íntimo y vibrante de José de San Martín".