Se armó un escándalo de aquellos en Alianza: violencia contra una árbitra
En el partido por cuartos de final del Torneo Clausura de futsal, la árbitra Daniela Yevcin fue agredida verbal y físicamente por un jugador de Barrio Rivadavia, dejando una marca amarga en el deporte local.
La violencia vuelve a hacer de las suyas en el futsal sanjuanino, y esta vez la víctima fue nada menos que una mujer en la cancha. En la calentura del encuentro entre Alianza y Barrio Rivadavia, por la instancia de cuartos de final del Torneo Clausura, la árbitra Daniela Yevcin enfrentó insultos y un escupitajo que quedó grabado en la memoria de todos.
Corrían sólo 11 minutos desde el pitazo inicial en la cancha de Alianza cuando el jugador Marcos Landa, de Barrio Rivadavia, reclamó una falta que para Daniela no existía. "Desde mi posición y cerca de la jugada, la acción no merecía falta, por lo que seguí el juego. Ahí, el jugador comenzó con reclamos verbales y le saqué la amarilla", contó la árbitra con la serenidad de quien sabe defender su autoridad.
Pero el picante no terminó ahí. Landa redobló la apuesta con más insultos y desafíos, por lo que Daniela no dudó en mostrarle la segunda amarilla y, seguido, la roja. "Después de eso, me cruzó una serie de insultos bajos que, si bien están en el informe presentado al Tribunal de Penas, no vale la pena repetir acá", señaló Daniela, poniendo el foco en la tristeza del hecho.
El supuesto descontrol del jugador llegó a su punto más bajo cuando se negó a retirarse. Ante la negativa, pidió ayuda a la policía y fue entonces cuando la situación escaló a lo impensado: "Se vino contra mí y me escupió en la cara. La policía intervino y lo retiraron", recordó con amargura que aún le duele.
Mientras el partido prosiguió y terminó con un triunfo de Alianza 4 a 0, la sombra de la agresión quedó sobre la jornada. Daniela, que lleva una década dirigiendo y es figura en la primera división, remarcó con fuerza: "No por ser mujer no estamos capacitadas para dirigir. Dirijo porque es mi pasión, algo heredado de mi familia, y anoche estuve junto a mi hermana Priscila. Somos humanos, podemos equivocarnos porque tomamos decisiones en segundos, pero el respeto es sagrado. Duelen estas acciones y son difíciles de enfrentar, aunque no todos los jugadores son así".
Un llamado para que el deporte se limpie de estas mugres y que las mujeres que ponen el cuerpo en la cancha reciban el lugar y el respeto que merecen.