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Marcha atrás parcial

La reforma laboral le hizo un guiño a la CGT y mantuvo las cuotas solidarias

El Gobierno dio marcha atrás en una parte clave de la reforma laboral y decidió conservar las cuotas solidarias, un alivio para los sindicatos. Sin embargo, siguen quedando puntos espinosos que la CGT ya empezó a cuestionar fuerte.

La reforma laboral le hizo un guiño a la CGT y mantuvo las cuotas solidarias

La última versión de la reforma laboral apareció con un volantazo que sorprendió a más de uno: el Gobierno decidió cuidar las mismas cuotas solidarias que estuvieron en el centro del debate, sin darles la tijera que quería el ala más dura. Sí, esas cuotas que, aunque no lo creas, son un verdadero billetero para los sindicatos porque les permiten juntar millones de pesos a partir de descuentos que sufren todos los laburantes bajo los convenios colectivos, estén o no afiliados.

Este gesto conciliador llega justo cuando la CGT calentaba motores con un plan de acción para frenar las reformas que impulsa Javier Milei y sus muchachos. Aunque después de un fin de semana de tira y afloje, el pico de discusión quedó en que no se tocaban esas cuotas solidarias, que Sturzenegger había tildado de "peajes sindicales". Al final, primó la voz de la mesura y el proyecto fue aprobado sin ponerles el cascabel a esos aportes.

Pero ojo, no todo es paz y amor. La reforma sigue manteniendo cambios filosos, como la reglamentación del derecho de huelga en sectores estratégicos con servicios mínimos de cobertura altísimos, la limitación para que los convenios colectivos sigan vigentes automáticamente y la necesidad de pedir permiso al empleador para las asambleas gremiales, una movida que tiene aromas a cortapisa contra las protestas.

Además, la reforma le baja el copete a los sindicatos al darle más poder a las negociaciones por empresa, por encima de las de actividad, aunque se mantiene el honorífico "poder de lapicera" para las entidades sindicales reconocidas.

Como para seguir sumando tensión, ahora facilitan la personería gremial a sindicatos de empresa que superen en afiliados a los ya existentes, lo que puede romper el esquema viejo de fuerzas sindicales.

En la CGT hubo alivio, sí, porque se frenó la medida que mejoraba el bolsillo sindical, pero los pibes no se quedaron tranquilos y ya anuncian una revisión profunda y un plan de lucha. La pulseada está lejos de terminar y el Congreso será el rincón donde se defina si esta reforma es pan para hoy y hambre para mañana o viceversa.

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