La Navidad sale cada vez más cara y las familias sanjuaninas salen a la caza de ofertas para no romper el chanchito
Con aumentos que pegan fuerte en la mesa y la decoración, los hogares ajustan el cinturón y se refugian en descuentos y promociones para llegar a fin de año sin dramas.
La canasta navideña se infló un 27% y deja a más de uno rascándose la cabeza en San Juan. Según el relevamiento de la consultora Focus Market, los costos para poner la mesa quedaron por arriba del año pasado, aunque sin alcanzar los picos de años anteriores, mientras que la decoración navega entre subas y bajas que despiertan dudas.
En lo que respecta a los adornos, el aumento interanual ronda el 12%, con piezas clave como los pesebres de nueve figuras, que encabezan el ranking de incrementos, junto a las luces LED cálidas y las clásicas guirnaldas verdes. En cambio, las coronas navideñas y ciertos sets de adornos regalaron alivios con algunos descuentos. Así las cosas, la suma de los ocho productos medidos saltó de $377.504 a $423.955.
Pero el verdadero golpe lo lleva la mesa navideña: la torta española con frutos secos se llevó la corona de la suba junto con el pan dulce con frutas y el turrón blando de almendra. Luego aparecen en el podio el pan dulce con chips de chocolate, las garrapiñadas de maní y hasta el champagne, que también sufrieron alzas pero menos estridentes. En total, los doce productos subieron de $75.013 en 2024 a $95.401 este año.
La variable dólar metió su dedo en la torta: los alimentos importados sufrieron los embates de la moneda extranjera y de la escasez de stock, mientras que en decoración la apertura de mercado le puso un freno a los precios más altos.
El bolsillo ya no da para más, y el 74% de las familias confesó que agudiza el ingenio buscando promociones y descuentos para estirar la plata. Muchos prefieren pagar en cuotas con tarjeta, y algunos esperan hasta la semana previa a las fiestas para arrancar las compras, apostando a las mejores ofertas y a la billetera digital.
En definitiva, la Navidad asoma con el desafío de mantener la tradición sin que el bolsillo termine hecho trizas, y en San Juan se siente ese apriete en cada precio que sube arriba de la mesa y en cada adorno que decora el hogar.