El alfajor de 85 gramos y sus secretos calóricos: el dulce que te da y te quita
Este clásico del kiosco argentino esconde un combo de azúcar, grasas y calorías que no pasa desapercibido para quienes andan midiendo la dieta.
El alfajor de 85 gramos no es cualquier golosina: en su envase clásico se revela con 294 calorías, casi un cuarto de la energía diaria recomendada para un adulto promedio. Este típico bocadito, que se consigue en cada esquina, tiene fama y cariño, pero también un contenido nada despreciable de azúcar y grasas saturadas que hacen que los nutricionistas frunzan el ceño.
Al abrirlo, la postal es la de siempre: baño blanco con un toque de cristalización que enamora, tapitas blanditas y ese relleno cremoso que puede ser dulce de leche o chocolate, bien al palo. Pero si nos fijamos en los números, el alfajor trae 49 gramos de carbohidratos, de los cuales 32 gramos son azúcares totales y 29 gramos pureza pura, azúcar añadida. Esto explica por qué, para los que cuidan la glucosa, el pibe no es un compañero de ruta ideal.
En materia grasas, no es para cantar victoria: cuenta con 9 gramos, de los cuales 5 gramos son saturadas, clavándose un buen porcentaje de la recomendación diaria. Aunque el sodio se mantiene bajito con 110 miligramos, la calidad del bocadito invita a disfrutarlo de vez en cuando y no como hábito cotidiano.
Lo bueno es que este golosín da un empujón energético inmediato, que viene barbaro para piel mucho desgaste o cuando el cuerpo pide combustible urgente. Además, aporta proteínas en una medida decente para ser un capricho y tiene niveles de sodio moderados si lo comparamos con otros snacks procesados que andan por ahí.
Lo malo, y lo que siempre está en la punta de lengua, es la bomba de azúcar y grasas que lleva metidas, superando con creces lo que aconseja la Organización Mundial de la Salud para una merienda saludable. Si lo dejás entrar todos los días, te está guiñando un ojo nada amigo para el colesterol y demás indicadores que preferiríamos al margen.
En definitiva, el alfajor de 85 gramos es ese caprichito que nos gusta pero que, como todo placer, necesita de límites para no jugar en contra de la salud.