Se viene un Código Penal a toda prueba: adiós impunidad y penas de verdad
El Gobierno de Javier Milei prepara un nuevo Código Penal que endurece las penas, elimina la prescripción en delitos graves y pone freno a los beneficios que alivian condenas, para darle un paro firme a la delincuencia.
Desde el despacho del Gobierno que comanda Javier Milei, están cocinando un revulsivo legal que busca terminar con la sensación de que acá la justicia es más blanda que chiste sin gracia. Se trata del nuevo Código Penal, pensado para ponerle un freno contundente a la impunidad y a la famosa "puerta giratoria" donde los tipos condenados vuelven una y otra vez a las andadas.
El anteproyecto trae un combo duro: penas al alza en un montón de delitos, eliminación de la prescripción en los casos más graves y una tijera afilada para recortar beneficios que hoy suavizan castigos. En palabras sencillas, la Justicia va a tener que salir a jugar de verdad, sin tanta vuelta.
Por ejemplo, el homicidio simple ahora se cobraría con años más pesados en cana, subiendo a un piso de 10 años y un tope que puede llegar hasta tres décadas. Además, el homicidio agravado, que ya era gravísimo, suma nuevas categorías como ataques contra funcionarios nacionales, menores y adultos mayores, o ataques masivos en lugares con mucha gente usando armas o vehículos. Pero ojo, los golpes no se quedan atrás: lesiones, abuso de armas y hasta la pornografía infantil se llevan su buena dosis de mano dura, con penas que llegan a duplicarse según cada caso.
Con los ladrones tampoco se quedan atrás. Acá van por los famosos "motochorros", "viudas negras" y también la sustracción de celulares y otros dispositivos. El robo simple pasa a ser un delito más jugoso para cumplir la condena, y los robos violentos ahora caen con hasta 10 años de prisión. No es chiste, la idea es sacudir el avispero.
Pero lo más potente es que para delitos tan graves como homicidios agravados, abusos sexuales, grooming, trata de personas y narcotráfico, la Justicia ya no podrá decir "pasaron los años, está todo bien": dejaron la imprescriptibilidad bien clarita. Así, el reloj no jugará a favor de los delincuentes y las víctimas tendrán un poco más de justicia en serio.
Además, el proyecto busca que las condenas se cumplan en serio; calculan que un 82% de los delitos llevarán a prisión efectiva. Se cierran las puertas para los que buscan condena condicional en delitos duros, y también se pone especial atención en los reincidentes que, con varios antecedentes, ya no podrán colarse por la izquierda hacia la libertad anticipada.
Otra reforma delicada es hacer que las condenas comiencen a correr una vez que las instancias superiores bajan el pulgar a recursos, sin esperar más vueltas en la Corte Suprema. Para cerrar, las condenas perpetuas no tendrán límite temporal, y los funcionarios corruptos perderán sus jubilaciones de privilegio. Por si faltaba algo, también fortalecen la legítima defensa y le dan más voz a las víctimas para que influyan en las decisiones que marcan el camino de los condenados.
En suma, este nuevo Código Penal busca ponerle un poco de sal y pimienta a un sistema que muchos sienten que estaba de adorno, y darle aire fresco a las víctimas, que hoy más que nunca quieren justicia y no excusas. Como dicen los expertos, "la relevancia de la víctima en el proceso" no queda en un simple cartel sino que quiere ser carne y hueso en el cambio.