¿Se desató la tormenta? Hualilán pone en jaque la política en Calingasta
Este martes cambió la guardia en el Concejo Deliberante de Calingasta: Santos Zárate asumió como presidente en medio de un clima tenso. Patricia Castillo quedó afuera tras sus posturas conciliadoras sobre el polémico transporte de minerales desde Hualilán a Casposo.
El Concejo Deliberante de Calingasta se armó flor de lío con el transporte de minerales y la cosa se puso picante cuando sacaron un comunicado tajante: dijeron que la única ruta válida para mover la merca de minerales de Hualilán a Casposo es por el camino llamado El Puntudo, descartando cualquier atajo o cambio de rumbo.
Esta postura llevó a varios concejales a hacer oídos sordos y faltar a reuniones clave, una en San Juan y otra en Calingasta, donde se discutían alternativas para evitar problemas y habilitar el tránsito mientras arreglaban El Puntudo. Incluso se sugirió que, cuidando bien la situación, los camiones pasen por la Villa de Calingasta, idea que levantó polvareda entre los vecinos.
El sábado pasado la cosa tomó otro color: autoridades de Minería, la empresa de Hualilán, instituciones y funcionarios analizaron la chance de sacar el mineral vía El Morado en Ullum hacia la planta de Casposo. Y en estos encuentros, la figura de la concejala Patricia Castillo llamó la atención, ya que su diálogo y búsqueda de consenso no cayó nada bien entre sus colegas, quienes la acusaron de cambiar de camiseta y ser "complaciente con lo que proponen y que no es bueno para Calingasta".
Como consecuencia, en la sesión ordinaria que se armó esta semana, Castillo no fue reelegida presidenta del Concejo. En su lugar, asumió con fuerza Santos Zárate, hombre con fama de "duro" dentro del cuerpo y viejos cruces con el intendente Sebastián Carbajal. Recordemos que Zárate fue quien denunció públicamente al intendente por sospechas de sobreprecios millonarios en la impresión de archivos que costaron una fortuna.
Esta denuncia es apenas la punta del iceberg de una gestión manchada por falta de transparencia, irregularidades y un manejo turbio del dinero público, que sacudió las bases del municipio y abrió una grieta entre los propios justicialistas. Las diferencias internas ya no solo involucran al intendente, sino también fracturan a los ediles y hasta rompieron la alianza con Castillo.
Ahora, a Zárate le toca capitanear la nave en un mar revuelto y encender el debate sobre el nuevo presupuesto municipal. Lo que viene pinta para intenso y Calingasta está lista para un capítulo más de su novela política cargada de polémicas y revancha.