Chiquito Romero: el arquero que se hizo gigante y festejó el ascenso junto a su pibe
A sus 48 años, Sergio Romero dejó atrás su vida de profesionista y se calzó los guantes para defender el arco de Defensores de Argentinos, con el sueño cumplido de jugar junto a su hijo y lograr el tan anhelado ascenso a Primera.
La historia de Sergio Romero es para guardar en el corazón. Mientras acompañaba a su hijo a los entrenamientos, empezó a despuntar el vicio en modo amateur. Pero a mitad de año, un giro inesperado: el profe de educación física era el segundo arquero y el equipo necesitaba alguien más sólido bajo los tres palos. Ahí apareció la idea de poner a aquel papá que miraba atento desde la tribuna: Sergio Romero, a sus 48 años, con una melena que le bailaba en la nuca y una calvicie que no se hacía drama en la frente.
Guillermo Álvarez, el entrenador, contó cómo planteó la situación al presidente Diego Álvarez: "El pibe que tenemos en el arco es bueno, pero necesita más trabajo. El segundo arquero es el profe de educación física. Necesitamos un arquero y creo que lo tenemos en la tribuna mirando los entrenamientos. Es el papá de Lautaro Romero. ¿Qué te parece si lo sumamos?". La respuesta fue un sí rotundo: "Sí, claro que sí, todo suma".
Desde ese momento, el arco de Defensores pasó a ser territorio de este Quijote del gol con alma joven. Al principio, algunos pibes miraban con recelo a este renovado guardián, pero cuando le patearon y lo vieron volar como un veinteañero, las dudas se disiparon de un saque.
"Yo llevaba a mi hijo Lautaro a los entrenamientos y me quedaba esperando. He atajado en la Liga de Profesionales y en Camioneros. Ahí me empezaron a llamar ‘Chiquito’, porque mi viejo me llevó a jugar a los 10 años y desde entonces estoy bajo los tres palos, pero nunca a este nivel de exigencia", reveló con orgullo Sergio.
Aunque confiesa sentir el paso del tiempo en cada músculo, la pasión y el orgullo de compartir cancha con su hijo lo impulsaron a no bajar los brazos. En los playoffs fue una muralla: ni un solo gol en contra, y atajadas clave en penales ante el Globo y Juventud Ullunera. En la final, se lució con una estirada fenomenal para evitar un gol cantado de Naveda, y siguió tapando pelotas que mantenían viva la esperanza.
Con el ascenso consumado, surgieron las preguntas y los sueños: "¿Retirarme jugando en Primera? Lo hemos hablado con mi hijo, esto fue para dar una mano al club, cumplir el sueño de jugar con él. Lo demás, es un regalo que disfruto y celebro. Pero mañana hay que ir al taller a arreglar el auto, pagar cuentas y salir a la calle porque la vida sigue y los platos no se llenan solos. Sería lindo jugar en Primera, veremos qué pinta en 2026", concluyó este gigante incansable que lleva el apodo de ‘Chiquito’ con toda la experiencia y la pasión del mundo.