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Policiales

Bestial asalto en Parque de Mayo: 15 pibes atacan a un adolescente, pero uno quiso hacerse el menor y lo pescaron

Un grupo de quince muchachos arremetió a golpes contra un joven de 17 años para robarle las zapatillas. Uno de ellos intentó burlar a la Policía pasando por menor, pero terminó descubierto y detenido.

Bestial asalto en Parque de Mayo: 15 pibes atacan a un adolescente, pero uno quiso hacerse el menor y lo pescaron

Un domingo por la tarde en el corazón del Parque de Mayo de la capital sanjuanina se armó tremendo berenjenal. Quince sujetos, jóvenes unos y no tanto otros, fajaron y patotearon a un chico de apenas 17 años, que terminó despojado de sus zapatillas Nike blancas. Todo ocurrió cerca del icónico Monumento al Deporte, donde la patota se cebó con su víctima.

Cuando parecía que la mano se ponía turbina, un par de policías que daban vueltas justo por ahí metieron pelota y el tumulto se desarmó rápido. Pero uno de los agresores, identificado luego como Kevin Alberto Sosa Pérez, no se quiso rajar sin antes probar suerte: después de agarrarse las zapatillas del joven, se hizo el gato con los datos y se presentó como si tuviera 17 años, con intención de quedar libre porque así lo tomarían como menor.

Pero acá no hay lugar para engaños, no señor. Al llegar a la subcomisaría de Rawson, los mismos policías no lo perdonaron: cayeron en que el muchacho tenía en realidad 19 años. Lejos de seguir mintiendo, el tipo se enojó y terminó cambiando la dirección que había dado, complicando más la historia.

Mientras tanto, el resto de la pandilla, otros 14 tipos, metieron la vuelta por distintos lados y se fueron refugiando, dejando al solo Sosa Pérez asumiendo la bronca. El caso quedó en manos de la Fiscalía de Flagrancia, que ahora lo acusa de tentativa de robo.

Así quedó en evidencia que querer pasarse de vivo no siempre rinde: Kevin quiso hacerse el menor para zafar, pero terminó enganchado por mentira y prueba en mano. Un domingo que arrancó con violencia y desprolijidad en el Parque de Mayo y terminó con un mensaje claro: la Policía está atenta, y la gilada, tarde o temprano, se paga.

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