Godoy Cruz, el club que estrenó su cancha, sufrió un golpe durísimo y descendió
En una tarde para el infarto, Godoy Cruz empató 1-1 ante Deportivo Riestra en su casa renovada y confirmó su caída a la Primera Nacional, poniendo fin a 20 años en la elite del fútbol argentino.
El Feliciano Gambarte, ese reducto que Godoy Cruz recuperó y remodeló con toda la pasión para que fuera un símbolo de identidad, se tiñó de tristeza y amarga realidad este sábado. En un partido decisivo, el equipo dirigido por Omar Asad necesitaba un triunfo para seguir soñando, pero la presión le opacó la tarde. El empate 1 a 1 ante Deportivo Riestra selló el descenso del club mendocino, cortando una racha impresionante de dos décadas en lo más alto del fútbol de nuestro país.
Desde el pitazo inicial, la tensión se sentía en el aire: Godoy Cruz mostró nervios y errores que el rival supo aprovechar. A los 18 minutos, un error en la salida de Rasmussen casi pone el estadio en silencio de cajón cuando Alexander Díaz y Nicolás Benegas armaban la contra perfecta para el 1-0 de Riestra. Pero la casa de Godoy Cruz no se cayó y enseguida nació la esperanza. Tres minutos después, el pibe y figura absoluta de la tarde, Santino Andino, clavó un tiro libre quirúrgico que se coló al segundo palo, despertando al estadio y renovando las ilusiones.
El primer tiempo terminó con el Tomba empujando y buscando el gol que le diera el respiro, con Andino haciendo estragos por la banda izquierda y generando chances claras para Auzmendi y Altamira, a quien le sacaron un gol en la línea. Pero la esperanza quedó justo antes del barro: cuando el corazón del Gambarte latía con fuerza, una noticia desde Mar del Plata cayó como un mazazo. Aldosivi dio vuelta su partido y esa derrota sentenció el destino de Godoy Cruz.
Con la gorra puesta y el corazón llevado a flor de piel, el Expreso apretó el acelerador en los minutos finales. Rasmussen casi anota con un cabezazo que el arquero Manganelli desvió con una atajada de milagro. Y después Rossi desafió el palo con otro cabezazo que se estrelló en el travesaño. Pero el tan ansiado gol no llegó nunca. Cuando el árbitro Tello marcó el final, el Gambarte quedó sumido en el silencio, una mezcla pesada de tristeza e incredulidad.
El año que había que celebrar la vuelta a casa terminó con lágrimas y un descenso inesperado. Pero Godoy Cruz no es cualquier club: tiene historia, identidad, y una hinchada que jamás abandona. Ahora toca reconstruir y dar pelea desde la Primera Nacional. A pesar del mazazo, el pueblo tombino sabe que la garra y la estructura están intactas para volver a brillar.