La CGT renueva su poder con un triunvirato que promete batalla
En un congreso cargado de tensión y negociaciones, la CGT eligió a Jorge Sola, Cristian Jerónimo y Octavio Argüello para conducir la central obrera los próximos cuatro años. La reforma laboral del Gobierno será su gran desafío.
En el emblemático estadio de Obras Sanitarias, la Confederación General del Trabajo (CGT) se vistió de época este miércoles para ratificar su nueva conducción de cara a los próximos cuatro años. El resultado: un triunvirato que mezcla acuerdos, tensiones y un ojo puesto en la pelea que se viene.
Los elegidos son nada menos que Jorge Sola del gremio del Seguro, Cristian Jerónimo de los empleados del Vidrio (SEIVARA) y Octavio Argüello, cara visible de Camioneros. Mientras algunos miraban de reojo esta movida, quedó claro que la vieja guardia y nuevos actores lograron un equilibrio precario para encarar la batalla por la reforma laboral que impulsa el Gobierno.
Como veníamos contando en Ámbito, el formato del triunvirato fue la propuesta que cosechó más consenso. Aunque la representación de los "gordos" y sectores independientes estaba asegurada con Sola y Jerónimo, la tercera silla tuvo su cuota de suspenso. Argüello apareció como el respaldo firme de Hugo Moyano, quien, a pesar de alguna caída en su poder, sigue siendo un jugador crucial para contener a varios sectores sindicales.
El tiempo apremia para esta nueva conducción, que deberá prepararse a fondo para encarar la discusión de una reforma laboral que promete dar que hablar en los meses venideros. En un discurso picante y seguro, Jerónimo manifestó en el estrado: "Para que tengan muy claro estos gobiernos liberales, esta CGT no se rinde ante ningún gobierno de turno. Esta CGT tiene historia, va a luchar, y también se va a sentar en los ámbitos que sean necesarios para construir las discusiones que sean necesarias."
Por su parte, Argüello, conciso pero contundente, subrayó el compromiso de defender los derechos de los trabajadores: "Sabemos que tenemos una tarea muy difícil, pero nos comprometemos a pelear hasta las últimas consecuencias, donde corresponda, ya sea en la legislatura, la justicia o en la calle".
El cierre estuvo a cargo de Jorge Sola, que se plantó como el cabeza visible del grupo, con un discurso cargado de responsabilidad y un llamado a la unidad. Habló de patriotismo, imaginación y diálogo para enfrentar los desafíos de los trabajadores registrados y los que trabajan en la informalidad o plataformas. Tampoco se olvidó de pedir al Gobierno una mesa de diálogo para descomprimir tensiones: "Ante tanto desorden, inteligencia, y ante la frivolidad, idea. Me comprometo a estar al frente de quienes luchan, hombro a hombro con el pueblo trabajador, porque soñamos con un país más justo, con más producción, desarrollo y trabajo. Como decía el general, unámonos, hoy seamos más hermanos que nunca. ¡Vivan los trabajadores!"
Pero esta elección no fue un paseo. La lista única, llamada Celeste y Blanca, logró un aplastante 97.8% de votos (1604 a favor y apenas 35 en blanco), pero no faltaron los cruces fuertes en el camino. Gigantes sindicales como Luis Barrionuevo (gastronómicos) y Abel Furlán (metalúrgicos) pusieron reparos, especialmente sobre Jerónimo, y hasta amagaron con llevar a cabo una lista alternativa o boicotear la votación.
El momento de mayor tensión se vivió cuando Omar Maturano (La Fraternidad), aliado de Barrionuevo, intentó frenar la prórroga de un triunvirato señalando que se requería votación secreta para modificar el estatuto. El pedido fue rechazado a mano alzada, generando silbidos y reproches en el recinto. Fue el propio Héctor Daer, presidente del Congreso, quien levantó la voz para pedir "respeto" y cuidar la unidad del movimiento.
Una deuda pendiente quedó en la representación femenina: aunque se barajó el nombre de Maia Volcovinsky de la UEJN para integrar la conducción, finalmente quedó afuera, a pesar del respaldo de varias sindicalistas.
El nuevo triunvirato ya sabe que debe remar contra la corriente: preservar la unidad de la CGT, golpeada por internas, y moverse entre la firme resistencia sindical y el diálogo con el Gobierno de Javier Milei para enfrentar la reforma laboral. En este contexto complejo, la nueva mesa chica tendrá que jugar sus cartas con astucia para no fracturar aún más el movimiento obrero.