La Diplomática: La serie de Netflix que desnuda los quilombos del matrimonio presidencial
La nueva temporada de esta serie de Netflix nos mete de lleno en los entretelones de las relaciones de poder, donde la ambición y la lealtad chocan fuerte en el matrimonio.
¿Pensaste que "La Diplomática" de Netflix era solo de espías y política internacional? ¡Error! Si bien hay intriga global y alguna que otra maniobra secreta, esta serie, que ya va por su tercera temporada, es un golazo para entender lo que pasa puertas adentro en los matrimonios de la gente poderosa. Más que de acuerdos entre países, habla de los acuerdos (y desacuerdos) entre dos personas que se quieren, pero que también tienen una ambición zarpada.La historia arranca cuando Kate Wyler, una diplomática de carrera interpretada por Keri Russell, es nombrada embajadora en el Reino Unido. Su marido, Hal (Rufus Sewell), ya es un viejo lobo de mar en esas lides. Pero la cosa se pone picante cuando se descubre que la embajada es una prueba para Kate, que podría terminar como vicepresidenta de Estados Unidos. Ahí es donde la serie se pone a comparar a esta pareja con los mismísimos Clinton: dos figuras brillantes, que prometieron apoyarse, pero donde uno parece brillar más que el otro. Hal es carismático, siempre listo para el foco, mientras Kate es astuta y más perfil bajo. Ella lo banca, esperando que él haga lo mismo, pero la situación nunca se da vuelta.El sexto episodio de la última temporada, llamado "Amagansett", es clave. No es el nombre de una misión secreta, sino de la casa de vacaciones del presidente. Ahí, dos parejas presidenciales terminan viviendo 24 horas de pura tensión, tanto política como matrimonial. Es un "West Wing" con toques de drama conyugal. El marido de la presidenta, Todd Penn (Bradley Whitford), le cuenta a Kate que nada 50 largos dos veces al día para "disipar esa sensación de ahogo que tienes cuando el epicentro del mundo está a medio metro de distancia y aun así no puedes llegar". Una frase que te pinta el panorama.En medio de todo el quilombo diplomático, lo que realmente importa es la dinámica entre Kate y Hal, y también la de la presidenta Grace Penn (Allison Janney) con su marido Todd. Cuando Hal aconseja a la presidenta de una forma medio dudosa, Kate se la juega y le advierte a Grace que a su marido quizás no le importe si ella fracasa, con tal de usarlo para su propio impulso. Los insultos vuelan, y a Kate la mandan de vuelta a Londres. "No estoy aquí como su esposa. Estoy aquí como su embajadora", dice Kate. Pero la jefa de gabinete la para en seco: "Una embajadora no llama mentiroso al vicepresidente delante de la presidenta. Solo su esposa hace eso". ¡Un golpe bajo!A pesar de los líos y las sugerencias de muchos de que Kate debería dejar a Hal, la serie muestra que el vínculo es mucho más complejo. Perderlo a él sería perder esa chispa, esa brillantez que, aunque a veces lo haga meter la pata, cuando acierta, la rompe. Ella necesita su instinto; él, la capacidad de Kate para leer la situación y mover las piezas. Su química intelectual es tan fuerte que opaca a los demás personajes. Y la pareja presidencial, Grace y Todd, también tiene lo suyo: él puede ser resentido, solidario, frustrado y orgulloso, todo al mismo tiempo. Un combo explosivo.Al final, la serie te deja pensando: ¿Qué significa una relación sana cuando estás en la cima del poder? Estas parejas están más allá de la "conciliación vida personal-laboral"; son matrimonios que apuestan al largo plazo, cargando heridas y volviendo a enamorarse de la misma persona una y otra vez. Cuántas bancadas, cuántas discusiones, cuánto aguante.En la escena final de "Amagansett", después de que la otra pareja se va, Todd apaga la luz del baño. "Todavía estoy aquí", protesta Grace desde la oscuridad, refiriéndose a la luz, pero también a seguir en esa relación tan particular, intentando ser pareja y líder a la vez. "¿Qué?", pregunta él. Ella repite, firme: "Todavía estoy aquí". Y así, juntos, se preparan para lo que venga. Una reflexión sobre el aguante y el compromiso que no se guarda nada.