Un histórico proveedor de la industria automotriz bajó la persiana en Tortuguitas y 150 familias se quedaron sin laburo
Tras más de un siglo en Argentina, la empresa sueca SKF cerró su fábrica de rulemanes en la provincia de Buenos Aires, dejando a cientos de trabajadores en la calle. Ahora solo venderá productos importados.
La empresa sueca, que llegó al país en 1917 y estuvo operando por más de 100 años, decidió terminar con su producción local. Según el comunicado oficial, es parte de una "estrategia para optimizar su presencia global de fabricación" y concentrarse en fábricas más grandes y con mejor tecnología en otros países.
Pero más allá de la explicación formal, la realidad es que la planta argentina venía sufriendo por la falta de competitividad internacional, la estructura de impuestos y hasta los viejos convenios laborales. De casi 500 operarios que tuvo en sus mejores épocas, ya quedaban solo estos 150 que ahora perdieron su empleo.
Manish Bhatnagar, presidente de SKF Industrial Americas y Australia, no se guardó nada y declaró que, tras analizar varias alternativas, no encontraron una opción viable para seguir. Dijo que fue una decisión "difícil" pero "necesaria para garantizar la competitividad global de SKF a largo plazo", y agradeció al personal.
Fuentes del sector industrial le contaron a Infobae que la decisión final de la casa matriz se habría tomado en 2023, justo cuando el gobierno anterior puso restricciones a los pagos para importar insumos. Es importante aclarar que la marca SKF no se va del país; seguirá vendiendo sus productos, pero todos serán importados.
Juan Cantarella, presidente ejecutivo de la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (AFAC), expresó su lamento: "Es una pena este anuncio. Lamentablemente es otro caso que se suma a las más de 50 empresas autopartistas que cerraron su actividad industrial en los últimos 15 años".
Cantarella insistió en la urgencia de "reformas estructurales" y "esquemas laborales modernos" para que la industria argentina pueda competir y no siga perdiendo fábricas y puestos de trabajo. Una situación que nos deja con un gusto amargo y la pregunta de cuántos más quedarán en la calle.