El robo de película en el Louvre: más de cien agentes buscan las joyas, pero Francia no suelta prenda
Un robo audaz en el museo más famoso de París tiene a más de cien investigadores trabajando a contrarreloj. Mientras el mundo espera respuestas, la justicia francesa mantiene todo bajo siete llaves.
Más de un centenar de investigadores se puso las pilas para reconstruir este golpe audaz. Están revisando 150 muestras de ADN, analizando grabaciones de cámaras de seguridad y buscando cada rastro que dejaron los ladrones. Entre lo que se llevaron hay una diadema de zafiros, un collar y un pendiente que pertenecieron a reinas del siglo XIX, como Marie-Amélie y Hortense.
Lo que más llama la atención es el silencio de las autoridades francesas. Acá estamos acostumbrados a que los detalles de un caso salgan a la luz rapidísimo, pero allá se manejan con una discreción total. Hay dos sospechosos detenidos, uno de ellos agarrado justo cuando intentaba subirse a un vuelo para irse del país, pero no se conocen sus nombres ni sus fotos, ni un detalle más. Esto genera cierta frustración para quienes esperamos novedades constantes.
Esta forma de actuar se debe a una ley francesa, el "secret d’instruction", que busca proteger la investigación y la privacidad de los involucrados. A diferencia de lo que pasa en otros países, donde los medios publican todo, en Francia nombrar a los sospechosos o mostrar sus imágenes se considera una violación de la presunción de inocencia.
La fiscal de París, Laure Beccau, que coordina a la Brigada de Represión del Bandidaje y a la Oficina Central de Lucha contra el Tráfico de Bienes Culturales, prometió dar más información cuando termine el período de detención de los sospechosos. La investigación está abierta por asociación delictiva y robo organizado, delitos que tienen penas importantes.
Ahora, el gran desafío es recuperar las joyas. Las piezas ya están en la base de datos de Interpol, que tiene un listado de unas 57.000 obras de arte robadas. Pero encontrar estos tesoros es una de las tareas más complejas, porque una vez que salen del país, pueden terminar en cualquier lado.
Así que, mientras acá nos impacientaríamos por cada detalle, en Francia parece que tendremos que esperar con calma el desenlace de este misterio. Una historia que, sin dudas, sigue dejando más preguntas que respuestas.