Dacia Maraini y el helado de la libertad: su cruda infancia en un campo de prisioneros japonés
La reconocida escritora italiana Dacia Maraini revela en "Vida mía" los años que pasó prisionera de niña en Japón, un testimonio conmovedor sobre la dignidad y la resistencia.
Esa nena es Dacia Maraini, hoy una de las voces más importantes de la literatura italiana. En su libro "Vida mía", que acá publica Altamarea, Dacia nos lleva de la mano a su propia infancia durante la Segunda Guerra Mundial. La familia Maraini fue encerrada porque sus viejos, Fosco y Topazia, se plantaron y se negaron a jurarle fidelidad al régimen fascista de Mussolini.
En el campo de Nagoya, el hambre era la dueña de todo. "Siempre teníamos hambre", repite Dacia en su libro, y esa frase te atraviesa. El arroz se repartía a cucharadas y el silencio era ley. Pero en medio de ese horror, la nena observaba a su madre, Topazia, que les enseñaba a dibujar en la arena y a mantener la calma cuando los guardias se ponían violentos.
Maraini confiesa que le costó un montón enfrentar este tema tan doloroso. Lo había mencionado en otras obras, pero nunca se había metido de lleno en esos días de encierro que le marcaron la vida. Ahora, una voz insistente la empujó a hablar, a recordar, a dejar su testimonio.
Antes de la guerra, la familia vivía en Kyoto, bien metida en la cultura japonesa. Su papá daba clases en la universidad y su mamá participaba en reuniones contra la guerra. El sueño era la paz, pero todo se rompió cuando las autoridades les exigieron jurar fidelidad al fascismo. La negativa de sus padres los condenó a todos al encierro.
Topazia Alliata, la mamá, se convirtió en un verdadero símbolo de dignidad en medio de la penuria. Decidió organizar una huelga de silencio para protestar por los abusos de los soldados. Era la única forma de hacerse escuchar, incluso desde adentro del campo. La resistencia se manifestaba en cosas chiquitas: escribir, callar, observar, cuidarse.
Hacia el final de "Vida mía", Dacia Maraini deja una frase que es un puñetazo: "Desde entonces no he soportado más las mentiras del poder ni la arrogancia de la violencia". Su libro es la continuidad de esa promesa: contar para que no se repita, recordar para no quedarse callada.