La "Evita del radicalismo" y la maldición familiar: un ataque con ácido y cuatro suicidios que helaron la sangre
Una de las historias más oscuras y trágicas de la política y la alta sociedad argentina. La vida de Clotilde Sabattini, desfigurada por su marido, y el espiral de suicidios que envolvió a su familia.
Clotilde era hija de Amadeo Sabattini, un caudillo radical de Córdoba. Desde chica mostró una inteligencia zarpada y una vocación política que la llevó a ser la primera mujer en presidir un Congreso Nacional Femenino de la UCR. Fue maestra, se recibió de historiadora y hasta fue "ministra" de Educación durante el gobierno de Frondizi. Se opuso al peronismo, lo que le valió comparaciones con Eva Perón y hasta una detención, de la que salió diciendo que "la libertad es mi derecho y no se me puede otorgar como una dádiva".
Pero en su camino se cruzó Raúl Barón Biza, un millonario cordobés, "escritor maldito" y bonvivant, veinte años mayor que ella. Él, que ya había estado envuelto en misterios por la muerte de su primera esposa, sedujo a Clotilde cuando ella tenía apenas 16. Se casaron en secreto y así empezó un matrimonio de casi treinta años, lleno de idas y vueltas, y una violencia que no tenía límites. Hubo de todo: desde tiros a su hermano hasta un círculo vicioso de sometimiento.
El final de la pareja fue el 16 de agosto de 1964. En medio de la firma del divorcio, en su departamento de Esmeralda, Barón Biza no se guardó nada y le tiró ácido sulfúrico en la cara a Clotilde, delante de uno de sus hijos. El daño fue terrible, le desfiguró el rostro y el cuerpo. Al día siguiente, la policía lo encontró muerto en el mismo lugar: se había quitado la vida de un disparo en la sien. Fue el primero de una serie de suicidios que sacudirían a esta familia.
Clotilde luchó por recuperar su rostro, se operó decenas de veces, pero el daño, tanto físico como psicológico, era irreversible. Catorce años después del ataque, el 25 de octubre de 1978, se tiró por la misma ventana del departamento de Esmeralda. Tenía la misma edad que su ex marido al morir. La tragedia no terminó ahí: su hija menor, María Cristina, se suicidó diez años después. Y Jorge, el hijo que presenció el ataque y luego escribió un libro sobre la tragedia familiar, también se quitó la vida a los 59 años, la misma edad que su madre, saltando desde un balcón en Córdoba. Una historia que quedó hecha pelota y que nos muestra cómo la violencia puede destruir no solo una vida, sino a generaciones enteras.