El "viejo" del taxi que cantaba los Redondos y le voló la cabeza al chofer
Un taxista creyó llevar a un abuelo más, pero la música reveló una historia inesperada. Una reflexión sobre los prejuicios y las sorpresas de la vida.
Pero la radio cambió el aire. Sonaban Los Redondos, "Vencedores vencidos", y el taxista, medio que cantaba bajito. De reojo miró a su pasajero, esperando que le molestara. ¡Pero no! El "viejo" movía la mano sobre la panza, haciendo como que tocaba la guitarra. ¡Zarpado!
Cuando el chofer se animó a subir el volumen para "Octubre", el pasajero no se guardó nada: se puso a cantar a los gritos, metiendo arreglos como un verdadero músico. Ahí el taxista empezó a atar cabos, la cara le sonaba. De repente, el "viejo" dejó de ser un "viejo" y se transformó en un tipo con historia, con talento, con una vida detrás.
Es que uno nunca sabe a quién lleva. ¿Cuántas veces nos quedamos con la primera impresión y nos perdemos lo mejor de la gente? Detrás de cada cara, de cada edad, hay un mundo, un saber, experiencias que no vemos si nos cerramos en estereotipos.
Esto mismo, pero con otra historia, cuenta la novela "Las gratitudes" de Delphine De Vigan. Habla de Mischka, una mujer que en su vejez pierde las palabras, pero que fue correctora, editora. Su historia nos enseña a escuchar más allá de las dificultades, a entender que hay mucho por descubrir si nos damos la oportunidad.
Es clave no quedarse con la superficie, con la edad o los problemas físicos. Porque, ¿quién te dice? Capaz que un día sube al taxi un Charly García y vos lo tratás como a uno más. ¡Cuidado con los prejuicios, que nos hacen perdernos de cosas increíbles!