Una jubilada le dio un abrazo al alma de un pibe: "Nadie se salva solo, siempre hace falta un cariño"
Mónica Caamaño, una jubilada del Conurbano, decidió darle una mano a un adolescente judicializado a través del programa Abrazar, construyendo un vínculo afectivo que le cambió la vida. Su historia es pura inspiración.
El programa Abrazar no busca que adoptes ni que reemplaces a la familia, sino que seas un referente afectivo, una persona grande que se comprometa a estar, a escuchar y a generar confianza. Mónica, que tiene 70 años y fue maestra toda su vida, se anotó sin dudar. Ella esperaba un nene chiquito, pero la vida le tenía guardada otra sorpresa: un adolescente de 14 años que necesitaba un apoyo emocional.
Hoy, Mónica es su referente afectiva. Lo acompaña a sus terapias, comparten meriendas, cocinan juntos y hasta se fueron a conocer el mar en San Bernardo. "Querer es también saber poner límites", asegura ella, mostrando que el cariño se construye día a día, con pequeños gestos y mucha paciencia. Así, le enseña que las cosas pueden ser distintas.
El camino no es fácil. Mónica sabe que estos pibes vienen de vivir un verdadero quilombo, con situaciones muy duras. Por eso, el programa no solo evalúa a los voluntarios, sino que los capacita para que puedan entender y acompañar a chicos que sufrieron desde violencia familiar hasta abandonos. "Para ellos es clave volver a tener un vínculo estable con un adulto, porque sus vidas fueron un sube y baja", explica.
Mónica recuerda el primer encuentro con una torta casera. "No quería llevar algo comprado. Los afectos no pasan por la plata", dice. Le propuso armar el bizcochuelo juntos, un gesto simple que el pibe valoró tanto que lo compartió con sus amigos en la canchita. Esas pequeñas acciones demuestran que, aunque los golpes de la vida dejan marcas, también lo hacen los gestos de amor y cercanía.
Para Mónica, es fundamental que más gente se sume. "Se necesita un poco de tiempo y dedicación. No hace falta mucho más", asegura. Lo importante es el compromiso, porque estos chicos ya vivieron demasiadas frustraciones. "Si el adulto dice: "Voy a hacer esto", que lo haga. No hay que agregar otra herida", enfatiza.
Con una mirada profunda, Mónica cierra la charla con una frase que nos invita a todos a reflexionar: "¡Nadie se salva solo! Es verdad. Siempre hace falta la compañía, la caricia, el abrazo, la palabra". Un mensaje claro para entender que un poco de afecto puede reparar mucho.