Los jóvenes emprendedores del Nazario Benavídez: endulzando el futuro
En el Centro Socio Educativo, los chicos no solo preparan delicias, sino que también aprenden valiosas lecciones de vida.
En el Centro Socio Educativo Nazario Benavídez, los pibes están aprendiendo a hacer más que solo dulces. ¡Están creando oportunidades para sus vidas! Al elaborar mermeladas, jugos y salsas, se les enseña que se puede convivir en paz, que formar parte de un proyecto tiene sus recompensas y que el esfuerzo realmente da frutos. Este enfoque es clave para los profesionales que trabajan con estos jóvenes de entre 16 y 18 años que han tenido un traspié con la ley.
La estadía de quienes llegan por primera vez está marcada por un plazo de 2 meses, mientras que aquellos que regresan se quedan un año. Pero no es solo un lugar para dormir: los chicos tienen un cronograma repleto de actividades. Desde seguir sus estudios en la escuela Juana Godoy de Brandes hasta participar en diversas experiencias y actividades físicas, cada día está lleno de aprendizaje.
Sin dudas, la producción en la planta de dulces es una de las actividades diarias más impactantes, donde los chicos trabajan codo a codo con equipos técnicos y operadores socioeducativos. Al principio, parece que solo siguen una receta, cuidando la limpieza y la calidad de los ingredientes. Pero en realidad, están absorbiendo lecciones de gestión, desde calcular la materia prima hasta poner precio a los productos y aprender sobre comercialización. Es un espacio donde se fomenta el aprendizaje de valores humanos esenciales.
El director del centro, Pablo Cheble, destaca que "en estos últimos años, el Nazario Benavídez ha cambiado no solo físicamente, sino también en su enfoque educativo, buscando que los jóvenes no sean solo mano de obra, sino que también sepan gestionar sus proyectos laborales una vez que recuperen su libertad".
A lo largo del año, 14 jóvenes han pasado por este lugar, y cinco están actualmente concentrados en la producción. En lo que va de 2025, han elaborado 353 botellas de salsa de tomate, 144 frascos de mermeladas de todos los sabores imaginables y hasta 21 litros de jugo de naranja natural. ¡Una verdadera explosión de sabores!
Estos productos se venden bajo la marca Nazareno en ferias organizadas por los ministerios de Familia y Desarrollo Humano, así como en la Dirección de Niñez, Adolescencia y Familia. Lo recaudado se reinvierte en insumos para seguir adelante con este emprendimiento, además de contar con un apoyo económico para renovar la maquinaria.
Pero la fábrica de dulces no solo es un número en la hoja de balance. Es un espacio que potencia la autoestima, la reinserción social y brinda herramientas para que los jóvenes puedan cambiar su realidad. "Cuando comparten sus creaciones con sus familias, se sienten orgullosos de haber hecho algo con sus propias manos. Se les enseña responsabilidad y trabajo en equipo. En definitiva, este lugar es mucho más que una simple fábrica de dulces. Es una oportunidad para que estos chicos asuman su rol en la sociedad", concluye Cheble.