El Bar Quintino de Boedo: la familia Caballero le pone el pecho para que el tango y el fútbol sigan vivos en el centenario café
En Boedo, el Bar Quintino lleva 120 años siendo un faro del barrio. Ahora, la viuda y el hijo del "alma mater" luchan para mantener viva la tradición del tango y el fútbol en este café notable.
Este rincón abrió sus puertas en 1905, aunque una placa de la Legislatura en 2008 lo festejó por su centenario, ¡un pequeño quilombo de fechas! Hoy, Facundo Caballero, el hijo, y Beatriz, su mamá y viuda del querido Carlos, le ponen el hombro para que siga adelante. Carlos fue el alma de las noches de tango por décadas, y su partida dejó un vacío grande. "La cosa no está como para emplear gente", cuenta Facundo, que ahora se puso las pilas y estudia cocina para sacar el bar a flote.
Acá el fútbol y el tango van de la mano. Las paredes están llenas de banderines de equipos de todo el mundo, una costumbre que empezó Carlos para que nadie se sintiera afuera. Y hasta las sillas llevan nombres de futbolistas. Aunque los Caballero son hinchas de Independiente, acá se respira pasión por la pelota de todos los colores. Facundo, con humor, dice que en la cocina deberían tener "un jugador de primera", pero les tocó uno "del ascenso". Eso sí, él se siente un crack con sus matambres a la pizza y los agnolotis caseros.
Antes de seguir, ¿sabías quién era Quintino Bocayuva? No era un tanguero ni un crack de San Lorenzo, sino un diplomático brasileño. Volviendo al bar, el Quintino no paró de transformarse: empezó como pulpería con palenque, después almacén con bebidas y hasta tuvo billares. Es, sin dudas, el café más viejo de Boedo que sigue abierto. Y lo mejor es que mantiene las aberturas y la carpintería original, ¡un viaje en el tiempo!
Adentro, es un museo de barrio. Además de los banderines, hay fotos de Gardel, Pugliese, Troilo, y hasta una placa dedicada al guitarrista Roberto Grela, que era habitué. No falta la virgencita de Luján y un termo de Independiente, claro. Pero la mejor postal es ver a los vecinos, esos grupos de amigos que se juntan a charlar sin apuro, con el sol entrando por las ventanas abiertas. Una imagen que vale oro.
Por ahora, las noches de tango están en pausa, pero la esperanza no se pierde. El bar abre de martes a domingo, de 9 a 16, y los jueves, viernes y sábados también dan cena. Los domingos, solo almuerzo. Facundo, con toda la garra, se está formando como cocinero. Como decía Pichuco: "El tango te espera". Y acá, en el Quintino, seguro que va a volver a sonar.
Este Bar Quintino, un verdadero baluarte de Boedo, es un refugio familiar que lleva más de cien años dándole vida al barrio. Los Caballero lo tienen encendido, firme, demostrando que la tradición y el corazón pueden más que cualquier dificultad.