Ozzy Osbourne se confiesa en su testamento: del infierno de las adicciones a la redención del Príncipe de las Tinieblas
Un nuevo libro y un documental revelan los secretos más íntimos del ícono del rock: sus batallas personales, amores inesperados y el legado imborrable que dejó en la música mundial.
Arrancamos fuerte: Ozzy Osbourne, el Príncipe de las Tinieblas, nos dejó un último regalo antes de irse. Con 76 años, y poco antes de su partida en julio, el legendario rockero aprobó "Last Rites", un libro que es como su testamento vital, y un documental, "No Escape From Now". Ambos proyectos nos meten de lleno en sus últimos quince años, desde las reuniones con Black Sabbath hasta sus álbumes solistas y las duras batallas por su salud. Es un viaje crudo y sin filtros por la vida de un tipo que no se guardó nada.En estas nuevas revelaciones, Ozzy se zambulle en el origen de sus demonios. Contó que las drogas eran su manera de "enterrar algunas putas cosas oscuras de su pasado". ¿Qué lo atormentaba? La dislexia, que lo hacía sentir una vergüenza tremenda, y la pobreza de su infancia en Birmingham. Recordaba cómo dolía ser "el pibe de la calle que, cuando pasaba el camión de los helados, mis viejos no podían pagármelo siempre". Una herida que, a pesar de la fama y la guita, nunca se le fue del todo.Y acá viene la sorpresa: los gustos musicales de Ozzy no eran solo metal pesado. Confesó que Los Beatles fueron su primera gran inspiración, un "despertar en color" para él. También le fascinaban Elton John, Peter Gabriel y hasta Prince. Ya en sus últimos años, la conexión con el productor Andrew Watt, mucho más joven, fue un golazo. Después de colaborar con Post Malone, Ozzy trabajó con Watt en sus últimos dos discos solistas, "Ordinary Man" y "Patient Number 9". Contó que hacer este último disco "lo salvó", una muestra de que la música siempre fue su refugio.Pero no todo fue música y redención. El libro revive el trágico accidente de avión de 1982, donde murieron Randy Rhoads, su guitarrista estrella, y la maquilladora Rachel Youngblood. Ozzy describe cómo, a pesar de intentar olvidarlo, las imágenes lo perseguían. "La puta injusticia" de esa tragedia, como él la llamó, lo marcó a fuego. Se preguntaba: "¿Por qué murieron ellos? ¿Por qué no yo?", un dolor que lo acompañó toda la vida.A pesar de los cruces públicos con Ronnie James Dio o los quilombos con Bill Ward en Black Sabbath, Ozzy aclaró que no guardaba rencores. "He dicho muchas cosas de mierda sobre Dio, pero era un buen cantante. Él no era yo, y yo no era él", escribió. Y sobre la fallida reunión de la formación original de Sabbath, confesó que extrañó la química y que hubiera sido "mucho mejor si hubiéramos tenido a Bill allí". Una muestra de la complejidad de las relaciones en el mundo del rock.Si hay algo que queda claro, es el papel fundamental de Sharon, su esposa. "Si no fuera por Sharon Osbourne, no estaría aquí ahora", sentenció en el documental, atribuyéndole su sobriedad y su supervivencia. En un momento súper emotivo, Ozzy casi se quiebra viendo a Jelly Roll cantar "Mama, I"m Coming Home", una balada que siempre le dedica a Sharon. Una canción que, según él, Lemmy Kilmister de Motörhead, "logró capturar la hermosa y [grosería] locura" de su vida juntos. Un amor que lo bancó en todas.El documental también capta la magnitud de su último show, un verdadero homenaje al Príncipe de las Tinieblas. Leyendas como James Hetfield de Metallica reflexionaron sobre el final de una era: "Este es el final de lo que haces... yo también llegaré ahí, estoy seguro. Y no sé cómo lo manejaré". Billy Corgan de Smashing Pumpkins destacó la generosidad de Sharon al organizar una "regia despedida" para Ozzy. Un cierre de carrera que no solo fue un adiós, sino también una lección de vida para todos los que lo admiramos.