Alicia Moreau de Justo: La pionera incansable que rompió moldes y fue perseguida por Perón
La segunda médica del país, fue una de las primeras feministas que luchó por el voto y los derechos de las mujeres, y cofundó la APDH. Una vida dedicada a los más humildes.
Su compromiso social la llevó a especializarse en ginecología, instalando un consultorio gratuito para atender a mujeres de bajos recursos y a prostitutas. Fundó el Centro Feminista de Argentina y el Comité Pro Sufragio Femenino, luchando incansablemente por el derecho al voto de las mujeres y por condiciones laborales justas. Fue la primera mujer en ocupar un puesto oficial en un partido político, el Socialista, desde donde impulsó leyes clave para proteger a las trabajadoras y equiparar los derechos de hombres y mujeres en el matrimonio.
Su vida estuvo marcada por la acción y también por la confrontación. Se le plantó sin vueltas al gobierno de Juan Domingo Perón, al que consideraba autoritario. Por esa postura, en 1951, la metieron presa de forma ilegal, impidiéndole votar en las primeras elecciones donde las mujeres pudieron hacerlo. Dos años después, en 1953, militantes peronistas incendiaron la Casa del Pueblo, la biblioteca y sede socialista que Alicia y Juan B. Justo habían fundado, con la cana de cómplice en ese quilombo.
Ni la persecución la frenó. Tras la caída de Perón, formó parte de la Junta Consultiva Nacional y siguió luchando por la democracia. Con casi 90 años, en 1975, fue cofundadora de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), un pilar fundamental para denunciar el terrorismo de Estado de la última dictadura. Estuvo al lado de las Madres de Plaza de Mayo en sus primeros pasos y recibió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, mientras se denunciaban las barbaridades de la dictadura.
Ya en democracia, en 1984, fue reconocida como "Mujer del Año" y "Médica del Siglo". Al cumplir cien años, en 1985, la declararon Ciudadana Ilustre de Buenos Aires. Murió en 1986, a los cien años, y su velatorio fue en el Congreso de la Nación. Su epitafio, tal como lo pidió, dice: "Aquí yace una gran luchadora contra molinos de viento". Una figura central que dedicó su siglo de vida a cambiar la Argentina para siempre.