¡Golazo! El húngaro Krasznahorkai ganó el Nobel y no se guardó nada: "No me gustan los políticos ni la política"
El flamante Nobel de Literatura, László Krasznahorkai, un escritor que vivió el comunismo y se rajó de su país por la ultraderecha, sorprende con sus picantes definiciones sobre todo y todos.
¿Por qué se fue? Sencillo: no aguanta el gobierno ultraderechista de Víktor Orban. Antes, de joven, ya había tenido problemas con el régimen comunista. Contó que, apenas empezó a publicar, lo citaron de la cana. "Por favor, créanme, no me ocupo de política", les dijo, pero no le creyeron. La cosa se puso picante cuando les preguntó si de verdad creían que él escribiría algo sobre "gente como ustedes". Ahí nomás le quisieron confiscar el pasaporte, un quilombo que lo dejó sin poder salir de su país hasta el 87.
Pero si hay algo que define a Krasznahorkai es que no se guarda nada. Su frase más resonante es clara y concisa: "No me gustan los políticos ni la política, porque esta simplifica al individuo conforme a sus intereses. Y una persona no es solo sus intereses". Para él, la gente no busca la verdad, sino que prefiere que le mientan, y que la bronca de los oprimidos solo busca destruir lo que hay. "El mundo lleva mucho tiempo siendo como es, no se ha convertido en malo ahora", sentencia, con una mirada bastante pesimista de la humanidad.
También es un tipo particular a la hora de escribir. Sus novelas, a veces, no tienen puntos. Para él, no le hacen falta puntos, sino aire y ritmo, como una criatura que corre sin aliento. Y aunque reconoce que su literatura, lenta al principio, es para un público muy de nicho, no le importa. Asegura que ni el mejor libro del mundo puede frenar las atrocidades que vemos en Gaza o Ucrania, y que el Apocalipsis no es algo que va a venir, sino que ya estamos viviéndolo, cada día es apocalíptico.
No solo es crítico con la política global, sino también con sus compatriotas húngaros. Los ve cobardes para armar una democracia, siempre escapando de los quilombos hasta que explotan. Un pensador profundo y sin pelos en la lengua, este nuevo Premio Nobel nos va a dar mucho para hablar.