Manuel García Ferré: el genio que nos regaló a Anteojito y Hijitus desde su "fábrica de sueños" porteña
Recordamos a Manuel García Ferré, el español que desde Buenos Aires creó un universo de personajes entrañables como Anteojito y la bruja Cachavacha, marcando la infancia de generaciones.
Detrás de toda esa magia estaba él: Manuel García Ferré, un verdadero genio que forjó una empresa gigante desde la imaginación. Nació en España en 1929, pero fue en Buenos Aires donde su vida encontró rumbo. Apenas con 17 años y algunos dibujos bajo el brazo, escapó del franquismo y se encontró con una ciudad inmensa que le abrió las puertas. De día buscaba laburo, de noche terminaba el secundario, y así, con el trazo de su lápiz, empezó a abrirse camino.
Con mucha paciencia y un talento zarpado, fue escalando. En 1952 le dio vida a Pi-Pío, un pollito curioso que se volvió sheriff en Villa Leoncia y que apareció en la revista Billiken. De ahí en más, el universo Ferré no paró de crecer: llegaron Oaky e Hijitus, personajes con un alma pura, optimista y llena de luz. A principios de los sesenta, este visionario entendió que sus criaturas podían saltar del papel a la tele. Fundó su productora, ubicada en el edificio Apolo, a pasos del Obelisco, y la transformó en una verdadera "fábrica de sueños".
El gran salto llegó en 1964 con la revista Anteojito, una propuesta que en una época sin pantallas ni redes fue un golazo editorial. Entretenimiento, educación y cariño en un solo paquete. El primer número vendió casi 200.000 ejemplares, y en su mejor momento, la revista superó el millón mensual. Cada ejemplar venía con un regalo, un juego, un recortable, y esa mezcla de curiosidad y ternura que era su sello. Ferré era un perfeccionista, no se le escapaba nada, ni el trazo de una ceja, porque su obra debía reflejar esmero y respeto por los chicos.
En 1967, "Las aventuras de Hijitus" debutó en Canal 13 y se convirtió en la primera serie animada de la televisión argentina. Frases como "¡Dale, Larguirucho!" o "Sombreritus…" quedaron grabadas en la memoria colectiva. El pequeño héroe del caño, que luchaba contra el mal con su sombrero mágico, trascendió generaciones. Ferré construyó un modelo de producción que integraba tele, cine, discos, revistas y juguetes. Fue un adelantado, un creador de universos transmedia cuando ni existía la palabra.
El cine fue el siguiente paso. En 1972 estrenó "Mil intentos y un invento", el primer largometraje animado a color del país. Le siguieron "Trapito", "Ico, el caballito valiente" y "Pantriste", entre otros éxitos. Décadas después, volvió al cine con "Manuelita" en 1999, demostrando que su mirada seguía conectada con la sensibilidad de los más chicos. Para él, sus hijos eran los primeros jueces de cada proyecto: si a ellos les gustaba, seguía adelante.
Cuando le preguntaron si se podía conquistar a los chicos de hoy con historias tan ingenuas, en tiempos de videojuegos, respondió con una serenidad admirable: "Mientras los chicos reciban imaginación, aventuras, personajes buenos y malos —siempre en lucha—, su interés nunca decaerá." El cierre de Anteojito en 2002 fue un golpe, el país cambiaba y la revista no resistió la crisis. Pero Ferré siguió imaginando hasta que nos dejó el 28 de marzo de 2013, durante una cirugía. Su legado es inolvidable, y sus criaturas siguen viviendo en el recuerdo de quienes crecimos con sus historias.