Leonardo Padura sin filtro: "Vivir en Cuba entre necesidades, apagones y sin plata, ¿no es una derrota?"
El escritor cubano lanza "Morir en la arena", una novela que refleja la amargura de su generación. Habló con Del Sur sobre la dura realidad de su país y el sentir de su gente.
Padura, que nació con la Revolución y eligió quedarse, cuenta la historia de una generación que se siente derrotada. Para él, ¿qué otra cosa puede ser vivir con necesidades básicas, con cortes de luz de dieciséis horas y sin un mango? La novela arranca con un protagonista pisando caca de gato, una imagen que ya te dice todo: es la mierda real y la mierda simbólica que rodea a sus personajes, gente que tuvo y tiene "una vida de mierda".
El autor confiesa que la trama del parricidio en el libro, aunque ficcionalizada, tiene raíces reales y le sirvió de excusa para hablar de algo más grande: el destino lamentable de su generación. Sus personajes no son buenos ni malos, son humanos que intentan redimirse, buscando un poco de libertad en medio de un sistema que, como él mismo dice, genera miedos perversos.
Padura también conecta la realidad cubana con la nuestra. Habla de la desigualdad que se ve en otros países, como Argentina, donde un jubilado no llega a fin de mes o la gente busca comida en la basura. Para él, la opresión no es solo ideológica, sino que viene de estructuras de poder que empujan hacia el totalitarismo en muchos rincones del mundo, sea de izquierda o de derecha.
A pesar de la amargura, Padura encuentra refugios. El amor, la amistad, el sexo, la religión y hasta ese "carácter cubano" de salir adelante, de bailar y beber ron aunque la cosa esté jodida, son esas "reservas redentoras" que mantienen a flote a la gente. Pero la desigualdad, la de una vida mejor que se paga en dólares, es una herida abierta que deja un sabor amargo a "tanto nadar para morir en la orilla".
Cuando le preguntan si hay salida para Cuba, Padura es sincero: "Debe haberla, pero no sé cómo ni cuándo. Si lo supiera… entonces sí sería profeta en mi tierra". Un cierre que refleja la incertidumbre de un pueblo y la honestidad de un escritor que sigue dando batalla con su pluma.