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Padre Carlos Mugica

El Padre Carlos Mugica: De la cuna de oro al barro de la Villa 31, un compromiso que le costó la vida

Un referente de los curas villeros que nació en Recoleta y eligió vivir entre los más humildes. Su denuncia contra la desigualdad y su trabajo en los barrios lo convirtieron en una voz incómoda que el poder intentó silenciar a balazos.

El Padre Carlos Mugica: De la cuna de oro al barro de la Villa 31, un compromiso que le costó la vidaCrédito: Infobae

Carlos Mugica nació en Recoleta, en una familia de mucha plata y poder. Pero este pibe, que estudió Derecho y venía de una cuna de oro, a los 21 años sintió que su camino era otro. Dejó todo para meterse al seminario y, más tarde, para vivir y predicar en las villas, donde la pobreza era el pan de cada día. Él no quería una fe de escritorio, sino una que se ensuciara los pies con el barro de la gente.Se sumó a los Curas para el Tercer Mundo y se convirtió en el Padre Carlos para los vecinos de la Villa 31 de Retiro. Ahí, en la parroquia Cristo Obrero, no solo daba misa: impulsó comedores, talleres y ayudó a organizar a la gente. Para él, servir a Cristo era comprometerse con los más humildes, con los que menos tienen. "El que no es idealista es un cadáver viviente", decía, convencido de que la fe era motor de cambio.Su prédica y su forma de vivir incomodaban a los poderosos. Lo acusaban de "cura comunista" y él, sin pelos en la lengua, respondía: "Si amar a los pobres es ser comunista, entonces soy comunista". Sabía que lo seguían, que su nombre estaba en listas negras, pero no se achicó. "López Rega me va a matar", le dijo a sus amigos, refiriéndose al ministro y líder de la Triple A, presintiendo su final.Y el final llegó. El 11 de mayo de 1974, después de jugar a la pelota con sus amigos y de dar misa en Villa Luro, al cruzar la calle, lo esperaban. Un hombre lo llamó y, sin más, cuatro balazos le perforaron el cuerpo. Murió en el quirófano del hospital Salaberry, dejando un dolor inmenso en el barrio y en todos los que lo conocieron. Fue la Triple A la que intentó silenciar su voz.Pero no lo lograron. Su velorio fue un golazo de pueblo, lleno de gente que prometió no olvidarlo. Hoy sus restos descansan en la Villa 31, entre su gente. Cada 7 de octubre, el Día de la Identidad Villera, se lo recuerda. El Padre Carlos Mugica sigue siendo la bandera de todos los que luchan por un país más justo, demostrando que la fe de verdad se vive con el cuerpo y con la vida.

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