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Sobrevivir al horror

A dos años del ataque de Hamas: el calvario de una familia argentina que vio la muerte de cerca en Israel

Sergio Kohan y los suyos vivieron horas de terror cuando terroristas de Hamas irrumpieron en su casa. A dos años de esa pesadilla, el miedo y las secuelas aún los acompañan.

A dos años del ataque de Hamas: el calvario de una familia argentina que vio la muerte de cerca en IsraelCrédito: Infobae

Se cumplen dos años de aquel día fatídico en que Hamas desató el horror en el sur de Israel. Esa mañana, la invasión dejó un saldo trágico de 1200 muertos y 251 secuestrados entre los kibutz y una fiesta electrónica. Hoy, todavía hay 48 rehenes en manos de los terroristas, y entre ellos, tres son compatriotas nuestros.Pero más allá de las cifras, hay miles de historias de resistencia, como la de Sergio Kohan y su familia. Sergio, su esposa y sus dos hijos se habían mudado a Israel en 2019, donde ya vivían su hermano y su papá. Ese 7 de octubre, la solidez del cuarto de seguridad de su casa fue la única barrera entre ellos y la muerte, mientras tres miembros de Hamas sembraban el terror dentro de su hogar en el kibutz Ein Hashlosha.Después de ese infierno, la familia Kohan empezó un largo peregrinaje. Pasaron seis meses en un hotel en Eilat. "Nos robaron casi todo, pero no pudieron llevarse el auto", recuerda Sergio. Aunque lo encontraron con sangre y destrozos, les sirvió para escapar. Su esposa, que era maestra, organizó clases para los chicos del kibutz en el hotel, mientras Sergio, buscando una forma de procesar el trauma, se pasaba horas doblando toallas en la lavandería, como una especie de terapia.Los hijos también tuvieron que rearmarse. El mayor se recibió de licenciado y se especializa en temas de la Shoá y Medio Oriente. Mía, la más chica, fue la primera en alzar la voz en redes, contando el horror: "Tres terroristas entraron a nuestra casa gritando, riéndose, con la intención de asesinarnos. Rompieron y robaron todo, hasta nuestras fotos familiares". La joven, que terminó el secundario con sus compañeros en un internado, ahora está en el ejército, dedicándose a la fotografía, capturando momentos de los soldados en la Franja de Gaza.Aquel sábado iba a ser un día de fiesta, con knishes y delicias judías para celebrar el fin de las festividades. El hijo mayor había vuelto de la universidad para la ocasión. Pero a las seis de la mañana, las alarmas y los mensajes en el celular cambiaron todo. Pensaron que era la rutina de siempre, cohetes que el escudo antiaéreo detendría, pero no. Esta vez, el quilombo era diferente.Encerrados en el cuarto de seguridad, que era su propio dormitorio blindado, escucharon las voces en árabe y el estruendo de vidrios rotos. La esposa de Sergio vio a los terroristas a cara descubierta. Corrieron de nuevo al cuarto, apagaron todo y pusieron los celulares en silencio, mandando mensajes desesperados a la policía y al ejército. Los pasos se acercaban, el silencio se hizo insoportable. Sergio apretaba el picaporte, con los terroristas del otro lado, solo separados por una puerta.Hace menos de dos meses, los Kohan pudieron volver a su casa. Sergio no disimula: "Hay veces que tengo miedo de que vuelva a pasar". La seguridad cambió mucho: ahora dos unidades del ejército viven en la comunidad y unas 60 familias tienen armas, cuando antes eran solo cuatro.Sergio retomó su trabajo en la fábrica de encuadernaciones, pero los sonidos de aquel 7 de octubre siguen resonando en su cabeza. "Me cuesta dormir y sigo con psicólogo y psiquiatra", confiesa. Es una herida que, para él, "va a quedar abierta por mucho tiempo".

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