Lewis Moody: el histórico capitán inglés de rugby con un diagnóstico que conmueve al deporte
El ex capitán de rugby Lewis Moody fue diagnosticado con una grave enfermedad neurológica que afecta el movimiento. Su caso reabre el debate sobre la salud de los atletas y el riesgo en el deporte de élite.
Moody, que tiene 47 años, compartió la dura situación en su cuenta de Instagram. Contó que fue "increíblemente difícil de asimilar y un gran shock para mí y mi familia", dejando en claro el impacto de este diagnóstico.
Las enfermedades de las neuronas motoras son un grupo de trastornos progresivos que van destruyendo las células encargadas de controlar nuestros músculos. Esto afecta funciones básicas como caminar, respirar, hablar y tragar. Cuando estas neuronas dejan de mandar señales, los músculos se debilitan, se atrofian y los movimientos se hacen cada vez más complicados, quitándole al paciente su independencia física. Entre las más conocidas está la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA).
Aunque la ciencia avanza, hasta ahora no hay una cura para la mayoría de estas enfermedades. Los tratamientos actuales buscan aliviar los síntomas y que el paciente mantenga la mejor calidad de vida y autonomía posible, según informan los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos.
En el caso de Moody, todo empezó con una debilidad en el hombro mientras entrenaba. Después de varias fisioterapias y estudios, se detectaron daños en los nervios del cerebro y la médula espinal. Él mismo reconoció que entiende el camino de la enfermedad, pero que hay "una absoluta reticencia a mirar al futuro por ahora".
Por suerte, el exjugador cuenta que sus síntomas son leves, con algo de atrofia en la mano y el hombro, y sigue con sus actividades diarias. "No me siento enfermo. Mis síntomas son muy leves. Espero que eso continúe el mayor tiempo posible", afirmó.
El diagnóstico de Moody se suma a otros casos de deportistas con ENM, lo que generó preocupación sobre si hay una conexión entre el deporte profesional y estas enfermedades. Si bien el riesgo general es bajo, estudios recientes señalan que los jugadores de rugby tendrían hasta 15 veces más chances de padecerla. Otros ejemplos tristes son los de Rob Burrow y Doddie Weir, ambos exjugadores de rugby que fallecieron tras luchar contra la enfermedad.
Esta dura noticia pone sobre la mesa la necesidad de debatir cómo proteger la salud de los atletas, mantener la visibilidad pública de la enfermedad y apoyar la investigación científica para encontrar respuestas.