Cae "Pequeño J": el cerebro de un crimen que sacudió a Sudamérica
La captura del joven peruano se dio gracias a un trabajo conjunto entre la Policía Nacional de Perú e Interpol de PFA.
En un giro inesperado de los acontecimientos, Tony Janzen Valverde Victoriano, apodado "Pequeño J", se encontró atrapado en una celda, rodeado de cuatro paredes y sin poder ver a nadie. Su única compañía fue su abogado, un experto en terrorismo que no pudo hacer mucho ante la situación. El joven, que es señalado como el supuesto autor intelectual de un triple asesinato que dejó a toda la región en shock, estuvo completamente aislado, sin poder comunicarse con el mundo exterior ni con otros detenidos.
La historia comenzó a desenredarse cuando Matías Agustín Ozorio, su mano derecha, fue detenido a las 10.00 del martes. Este argentino, que parece haber sido un peón en un juego mucho más grande, fue expulsado de Perú tras ser capturado. La policía logró dar con él gracias a la intervención de su celular, que reveló que esa misma noche, cerca de las 22.00, planeaba un encuentro con "Pequeño J" en la zona de Los Olivos – Metro Izaguirre.
El 28 de septiembre, un llamado desde la Provincia de Buenos Aires encendió las alarmas y activó la búsqueda del joven Valverde Victoriano. "Me comunico con el comisario mayor de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Me comparte una información de que un ciudadano peruano y un argentino que habían cometido un hecho macabro en Argentina se estaban desplazando para el Perú", relató el general Nilton Santos Villalta. La clave fue un número telefónico con código peruano, que permitió a los investigadores rastrear a "Pequeño J" hasta Nazca, al sur de Lima.
Los agentes, en un trabajo meticuloso, lograron ubicar a Ozorio en Plaza Norte, un shopping en la zona norte de Lima. "Lo identificamos. No tenía nada de dinero, cero. No tenía teléfono. Estaba durmiendo en la calle, según refiere él. Estaba en una condición no tan aseado", describió el general. Ozorio, al ser interrogado, confesó que había sido engañado por una organización criminal dedicada al narcotráfico para llegar a Perú, lo que fortaleció la pista de que "Pequeño J" estaba cerca.
Mientras tanto, el joven peruano ya se movía en dirección a Lima, y los investigadores lo seguían de cerca. "Teníamos permanentemente el control de dónde iba, cómo iba avanzando", comentó Santos Villalta. Sin embargo, un imprevisto complicó la situación: en la zona de Mala, una protesta había cortado la carretera y los vehículos no podían avanzar. Los pasajeros se veían obligados a cruzar caminando el bloqueo y tomar otro transporte del otro lado. "Pequeño J" habría hecho lo mismo, saltando de un bus a un camión cargado de pescado.
El operativo, que hasta entonces había sido un reloj suizo, se complicó. "Nosotros hemos tenido siete equipos desplegados ahí con la finalidad de ubicarlo y bueno, la geolocalización no te arroja el lugar exacto, te arroja un radio donde tú tienes que accionar", explicó el general. En medio del caos, un efectivo notó un detalle crucial: el camión no quería frenar. "No porque el transportista estaba vinculado, sino que seguro "Pequeño J" le dijo "no pare, sigue nomás"", concluyó Santos Villalta, dejando entrever que el joven no tenía intenciones de rendirse fácilmente.