Toqué fondo: mi hambre no era de comida, era de amor. La dura historia de un campeón que se dio un palo.
Un ex campeón de squash cuenta cómo su obsesión por la comida lo llevó al límite. Entendió que su vacío no se llenaba con dietas extremas, sino con afecto y aceptación. Un relato crudo sobre la adicción y la recuperación.
Fue campeón nacional de squash a los 17 años y un estudiante brillante, pero la presión familiar lo llevó a dejar su sueño deportivo. Sus padres, preocupados por la plata y con una visión más "académica", no querían que se dedicara al deporte. Así, empezó una doble vida, estudiando algo que no le gustaba mientras su pasión se desvanecía.
Esa doble vida fue un infierno. Su nivel de juego bajó y la carrera universitaria se estancó. Al final, con el corazón roto, eligió los estudios, dejando atrás la chance de ser campeón mundial. Confiesa que era adicto al reconocimiento, a que lo miraran, y el miedo a volver a ser "nadie" lo ataba a ese lugar sin vitalidad.
Con el fin del deporte, el miedo a engordar, que lo acompañaba desde chico, se desató. Siempre fue de buen comer y la ansiedad no ayudaba. Buscando control, encontró "La Antidieta" y se volcó a una alimentación crudivegana extrema. En pocas semanas, pasó de 72 a 56 kilos con 1.80m de altura, un peso peligroso, pero él se sentía feliz.
Pero la "solución" era un espejismo. Su vida giraba alrededor de la comida y la prohibición. Pronto llegaron los "atracones" incontrolables: una porción de helado se convertía en kilos, pizzas enteras, chocolates y gaseosas, todo en minutos, sin disfrutarlo. Intentaba vomitar o hacer ejercicio, pero el círculo vicioso era imparable. Se dio cuenta que su autocontrol extremo era lo que lo llevaba al abismo.
Llegó un punto donde creyó que iba a morir. Su fuerza de voluntad, que antes le sirvió para ser campeón, ahora era su peor enemiga. Después de muchas caídas y levantadas, tocó fondo. Solo deseaba una cosa: volver a comer como una persona normal. Estaba dispuesto a entregar todo. Una rendición sin condiciones.
Solo cuando se rindió por completo, cuando entendió que su verdadero "hambre" era de aprobación, reconocimiento y amor, la recuperación se hizo posible. Dejó de luchar contra sí mismo y soltó todas sus exigencias. No fue la fuerza de voluntad, sino esa entrega total, lo que le permitió recuperar la paz.
Esta es la historia de Juan Tonelli, escritor y orador, que comparte su experiencia para que otros encuentren su propio camino.