Antisemitismo: ¿Cómo cambió el odio después de la guerra y dónde está el límite hoy?
Un historiador de peso nos ayuda a entender cómo evolucionó el odio a los judíos después de la Segunda Guerra, y cómo distinguirlo de la crítica política legítima en un mundo cada vez más polarizado.
Muchos pensaron que después del horror del Holocausto, el antisemitismo iba a desaparecer. Pero no fue así, ni en Alemania ni en el resto del mundo. El historiador Mark Mazower, un capo de la Universidad de Columbia, nos explica que, si bien el régimen nazi logró "desacreditar el antisemitismo como programa positivo" por varias décadas, el odio siguió ahí, solo que se puso más disimulado.Según Mazower, la derrota de Hitler no borró el odio hacia los judíos, pero sí hizo que quienes lo mostraban abiertamente pagaran un costo político. Ya no era "positivo" —o sea, algo para promover activamente en la política— ser antisemita. Esa bronca explícita y orgullosa quedó marginada del discurso público, fuera de lo que se consideraba aceptable en una democracia. Pero ojo, que no esté a la vista no significa que no exista.Mazower nos invita a pensar las distintas caras de este odio. No es lo mismo una masacre medieval que los pogromos zaristas o el exterminio nazi. Aunque todos tuvieron a judíos como víctimas, cada uno tuvo sus razones económicas, religiosas y políticas. El término "antisemitismo" como lo conocemos hoy, ligado a la política y la pseudociencia racial, recién aparece a fines del siglo XIX en Alemania. No es un odio tan viejo como el judaísmo en sí, sino una construcción más moderna, que es importante entender para no caer en fatalismos.Y acá viene una de las partes más complicadas: la creación del Estado de Israel. Antes de 1948, ya era difícil poner límites, pero después, con Israel en el medio de Oriente Medio, la cosa se puso más turbia. Hoy, la mayoría de los judíos viven en Israel, y su gobierno actual, más radical, se presenta como la voz de todos los judíos, algo que muchos, incluso judíos de la diáspora y liberales israelíes, no comparten.Mazower se esfuerza por aclarar dónde termina la crítica legítima a las políticas de Israel y dónde empieza el antisemitismo. Él es claro: "Se puede sentir bronca por la muerte de civiles en Gaza sin caer en viejas teorías conspirativas sobre los judíos como una élite global sedienta de sangre". Y también: "Es posible pedir justicia para los palestinos sin reclamar la aniquilación de Israel". Hay israelíes que protestan contra su propio gobierno, y a ellos nadie los acusa de antisemitas. Pero, a veces, algunos grupos ultra-sionistas, que ni siquiera son judíos, usan la acusación de antisemitismo para callar cualquier crítica.En un mundo donde la polarización y la bronca están a la orden del día, el laburo de Mazower es clave. No busca dar todas las respuestas, pero sí aportar un poco de claridad en un tema tan espinoso y cargado de emociones. Y eso, para la gente de barrio que busca entender un poco más, ya es un golazo.