El ex superministro Julio De Vido, a juicio por los cuadernos de la corrupción: ¿el final de una era?
El que fue el hombre fuerte de la obra pública K, ahora con 75 años, se enfrenta al juicio por las anotaciones que lo complican hasta la médula.
Poca gente en la historia reciente de Argentina tuvo tanto poder como Julio De Vido. Durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, si hablabas de obra pública, hablabas de De Vido. Él manejaba la billetera grande del Estado desde el Ministerio de Planificación Federal.
Pero ese poder, que parecía eterno, se le fue de las manos rápido. En 2017, un año antes de que explotara el quilombo de los cuadernos, De Vido tuvo que entregarse en Comodoro Py. Ya era diputado, pero le sacaron los fueros y la política le dio la espalda. Directo a Ezeiza.
Pasó por Ezeiza y Marcos Paz, y aunque recuperó la libertad en 2020 con domiciliaria, las condenas ya le caían encima. En 2018, lo sentenciaron por la tragedia de Once, inhabilitándolo de por vida. Después, en 2022, otra condena por la compra de trenes a España y Portugal, que Casación pidió recalcular. También tuvo una buena, lo absolvieron por las valijas de Antonini Wilson.
Ahora, el 6 de noviembre, le toca otra vez. De Vido se va a ver las caras con la Justicia, vía Zoom, por el famoso caso de los cuadernos de las coimas. Ahí, el protagonista fue Oscar Centeno, el chofer de su mano derecha, Roberto Baratta, que anotó todo el supuesto circuito de plata negra.
La acusación es pesada: lo señalan como organizador de una asociación ilícita para cobrar coimas, del 10 o 20 por ciento del presupuesto de las grandes obras. Baratta, su número dos, un ex taxista que llegó a ser clave, aparece como el encargado de juntar la plata, según los arrepentidos y las anotaciones.
El fallecido juez Claudio Bonadío mandó a juicio a toda la cúpula de su superministerio. José López, el de los bolsos en el convento, José María Olazagasti y otros funcionarios también están en la lista. Se habla de "pasamanos" de billetes, con un millón de dólares en efectivo crocante que habría cambiado de manos en 2015.
Con 75 años (cumple 76 el mes que viene), De Vido es el segundo acusado de mayor peso político en esta causa, solo después de Cristina Kirchner. Con más de 70 imputados y cientos de testigos, se espera un juicio largo, que podría terminar con una tercera condena cuando ya sea un hombre de casi 80 años.