Se fue Rosa Roisinblit, la Abuela incansable que encontró a su nieto y a 139 más
A los 106 años, falleció la presidenta honoraria de Abuelas de Plaza de Mayo. Su hija fue secuestrada y ella dedicó su vida a encontrar a su nieto y a otros 139.
Con un dolor inmenso, despedimos a Rosa Tarlovsky de Roisinblit, la histórica presidenta honoraria de Abuelas de Plaza de Mayo, quien nos dejó este sábado a los 106 años. Su partida marca el adiós a una figura clave, una verdadera guerrera en la incansable búsqueda de hijos y nietos desaparecidos y apropiados durante la última dictadura militar. Una mujer que se puso las pilas para buscar justicia sin descanso.Su historia personal, como la de tantas abuelas, es un puñal al alma. Su única hija, Patricia Julia Roisinblit, fue secuestrada el 6 de octubre de 1978 junto a su pareja, José Manuel Pérez Rojo, por un grupo de la Fuerza Aérea. Patricia, que tenía 25 años, estaba embarazada y también se llevaron a su pequeña hija Mariana Eva, quien fue devuelta horas después. Rosa se sumó a Abuelas en 1979, con la esperanza de abrazar a su nieto.Patricia dio a luz en cautiverio, en la ESMA, a un varón al que llamó Rodolfo Fernando, nacido el 15 de noviembre de 1978. Ese bebé, que luego sería Guillermo, se convirtió en el motor de una búsqueda que duró casi cuatro décadas. Rosa no se guardó nada, no se quedó en casa a llorar, ella salió a luchar, como contó en una entrevista. Y su lucha, claro que dio frutos.Fue en el año 2000 cuando una denuncia anónima encendió la esperanza. Tras análisis genéticos, se confirmó que Guillermo era el hijo de Patricia y José. En 2004, el Banco Nacional de Datos Genéticos ratificó la filiación. Guillermo, criado por sus apropiadores, vivió el dolor de saber que el hombre al que llamaba "papá" había mantenido prisionera a su madre biológica. Una verdad que, según él, era la parte más difícil de toda la historia.Desde sus orígenes como hija de colonos judíos en Moisés Ville, Santa Fe, y su formación como obstetra, Rosa demostró una tenacidad admirable. Viajó por el mundo, difundió la causa y fue tesorera y vicepresidenta de Abuelas, siempre al frente de la tarea. Su rol fue central para el avance de los estudios genéticos que permitieron el "Índice de Abuelidad".Pero más allá de su propio nieto, Rosa se fue con la enorme satisfacción de haber contribuido a la restitución de 140 nietos, un golazo de la vida. "Siento que mi compromiso con la vida es para siempre", había dicho tiempo atrás, y cumplió hasta el último aliento. Quienes la conocieron recuerdan su memoria prodigiosa, su amor por el tenis y el tango, y cómo le gustaba festejar, bailar y cantar.Abuelas de Plaza de Mayo la despidió como una "gran compañera, amiga leal", destacando que en cada encuentro, los nietos la abrazaban como a su propia abuela. Su legado es inmenso: una vida dedicada a la justicia, la verdad y la memoria, dejando una huella imborrable en el corazón de nuestro pueblo.