Mohamed Salah, el crack que le gana al tiempo: su fórmula para seguir brillando en la Premier League
El delantero egipcio fue elegido por tercera vez como el mejor de Inglaterra. Descubrí cómo hace para mantener esa vigencia única a base de disciplina, tecnología y una cabeza de acero.
Mohamed Salah, el delantero egipcio que la rompe en el Liverpool, sigue demostrando que la edad es solo un número. A los 33 años, cuando muchos ya bajan la persiana, él no solo mantiene el nivel, sino que lo sube. Por tercera vez, lo eligieron Jugador del Año en Inglaterra, un reconocimiento que nadie había logrado antes. ¡Una locura!
Pero ojo, no es magia. Detrás de cada gol y gambeta hay una disciplina de hierro. Salah tiene montado un gimnasio de primera en su casa, con máquinas de última generación, y hasta usa crioterapia y cámaras hiperbáricas para recuperarse más rápido. "Mi mujer dice que paso más tiempo con mis máquinas que con ella", confesó una vez, ¡y le creemos!
La comida es otro pilar fundamental. El "Faraón" es un obsesivo con lo que come: pan integral, frijoles, palta, brócoli, pescado... y muy de vez en cuando, una pizza. Como es musulmán, no toma alcohol, y eso, según su DT Jürgen Klopp, lo ayuda un montón a recuperarse después de cada partido. ¡Un ejemplo para todos!
Y la cabeza, fundamental. Salah dedica tiempo a meditar, a visualizar jugadas y goles, y a estudiar a los arqueros rivales. También practica yoga y ejercicios de respiración para manejar la presión. Es que en la élite del fútbol, no solo hay que tener piernas, sino también una mente fuerte para bancar la parada.
Incluso en la cancha, su juego evolucionó. Ahora, corre menos pero con más inteligencia, eligiendo el momento justo para picar. Arranca desde más atrás y alcanza velocidades impresionantes, de hasta 31 kilómetros por hora, ¡su récord personal! No es solo velocidad, es inteligencia para explotar los espacios.
La historia de Salah nos deja pensando. Más allá del talento innato, lo suyo es un combo de trabajo, sacrificio y una mentalidad ganadora que lo mantiene en la cima. Es un espejo para cualquier pibe que sueñe con llegar lejos en el deporte, y una muestra de que con esfuerzo y cabeza, uno puede estirar la carrera y seguir haciendo historia.