¡Avellaneda se cae a pedazos! Otro cráter gigante complica el tránsito y tiene a los vecinos de Piñeyro con el agua al cuello
Un enorme pozo en Rivadavia y Fiorito lleva más de un mes abierto, transformando la vida de los vecinos en un verdadero quilombo. ¡Y no es el único!
El problema, según se pudo saber, se originó por la corrosión de caños viejos y filtraciones de cloacas que fueron socavando el suelo hasta que el asfalto se vino abajo. El pozo es tremendo: tiene entre 1,70 y 1,80 metros de profundidad, unos 10 metros de largo y 3 de ancho, dejando un carril de la avenida Rivadavia totalmente intransitable. Una locura para una arteria tan importante.
La bronca de los vecinos es palpable, especialmente la de los comerciantes de la zona, que ya viven con el corazón en la boca por las inundaciones frecuentes. Encima, con la llegada de la tormenta de Santa Rosa y la posibilidad de más lluvias, el miedo a que el agua les entre a los locales es enorme. Si bien personal municipal se puso las pilas para arreglar los caños, la calle sigue cortada y las obras, a paso de tortuga.
Lo peor es que esto no es un caso aislado. Hace apenas un par de días, Avellaneda se despertó con otro cráter gigante en pleno centro, en Belgrano y Alsina, de cinco metros de profundidad. Una trampa a cielo abierto que ocupa media calle y es un peligro constante para los que circulan por ahí.
Y si tiramos de la memoria, a mediados de marzo un colectivo de la línea 45 se hundió en la avenida Yrigoyen, frente a la estación, por la rotura de un caño pluvial. Un caos que paralizó el acceso a Capital Federal y dejó a todos con la boca abierta.
Pero la historia viene de lejos. En 2014, también en Piñeyro, un auto con tres personas cayó en un pozo similar en Yrigoyen. "Veníamos a 10 kilómetros por hora, por eso solo se apoyó y cayó al vacío, pero no nos pasó nada", contó en su momento uno de los ocupantes, que no podía creer lo sucedido.
Es llamativo que, mientras esto pasa, el municipio publica en sus redes los trabajos de bacheo y repavimentación que viene haciendo. Más de 3.200 m2 de bacheo y 4.100 m2 de repavimentación entre fines de julio y principios de agosto. Cifras importantes, pero que no alcanzan para tapar los agujeros que siguen apareciendo y generando este verdadero quilombo en las calles.
Los vecinos de Avellaneda están hartos de estos cráteres que parecen brotar de la nada. Es hora de que se tomen en serio el mantenimiento de las calles y los caños, ¡antes de que se nos caiga toda la ciudad a pedazos!