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Realeza en Baires

Hace un siglo, el príncipe inglés que se aburría en Argentina y la piba que le pidió un pañuelo

En 1925, Eduardo de Windsor llegó a un país que lo recibió con pompa y protocolo, pero él solo quería un poco de paz. ¡Hasta se durmió en el Colón! Una visita real con toques bien argentinos.

Hace un siglo, el príncipe inglés que se aburría en Argentina y la piba que le pidió un pañueloCrédito: Infobae

El príncipe, al que algunos describían con "cara de joven de ojos de viejo", venía harto de tanto protocolo. Ya había avisado en otros países que los "vivas y exclamaciones" a veces le "herían". Aunque oficialmente venía a devolver una gentileza, la verdad de la milanesa era otra: tenía la misión de darle un empuje al comercio entre Gran Bretaña y Argentina, que Estados Unidos les estaba comiendo el mercado.

Acá lo esperaba un verdadero quilombo de actividades. Desde paseos por el subte y visitas a clubes, hasta banquetes interminables y funciones de gala en el Teatro Colón, donde, dicen, se lo vio cabecear y hasta dormirse. El hombre no la pasaba bien, y le escribió a su madre que no podía ser "natural o alegre" si no lo trataban "como un ser humano". Se lo veía cansado, aburrido y sin ganas de sonreír.

Pero no todo fue sufrimiento. El príncipe se puso las pilas cuando conoció el polo en Hurlingham, donde volvió para un casamiento. También le encantó el asado con cuero, se animó a bailar tango y se hizo fanático de Julio de Caro, a quien le pedía siempre "Buen Amigo". Y en medio de tanta formalidad, una piba, Ernestina Gómez Cadret, lo encaró en la Rural y, sin importarle el protocolo, le pidió el pañuelo rojo que asomaba de su gabán. ¡Y él se lo dio!

Aquella visita fue un adelanto de una vida que no sería la esperada para un rey. Eduardo, que después ascendió al trono, abdicó para casarse con Wallis Simpson, una plebeya divorciada, causando un escándalo real. Por sus ideas políticas, terminó en un exilio dorado, lejos de la corona. Así, el príncipe que solo quería ser "un ser humano" encontró, a su manera, la vida privada que tanto anhelaba.

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