La guerra interna de la barra de Independiente desató la barbarie en la cancha y frenó la Copa Sudamericana
El partido de Copa Sudamericana entre Independiente y U de Chile fue suspendido por incidentes. Detrás del caos y los errores de seguridad, se desató la feroz interna de la barra brava del Rojo, que terminó en una batalla campal.
El operativo de seguridad fue un verdadero papelón, con errores insólitos. No pusieron barreras para separar a las hinchadas, no intervinieron cuando los de la U de Chile (que no son ningunos angelitos) empezaron a tirar de todo, y lo peor: dejaron que la barra oficial del Rojo se metiera por donde quiso para ir a buscar a los visitantes. Un desastre total que terminó en un manso quilombo.
Pero, ¿por qué pasó todo esto? Porque la barra oficial de Independiente, que manejan Juan Ignacio Leczniki y Mario Nadalich, y la disidente, liderada por los hermanos Escubilla, se tienen ganas hace rato. Los disidentes, que van a la tribuna Sur baja, son los que ligaron los proyectiles de los chilenos. Y cuando la cosa se puso espesa, en vez de ayudar, empezaron a cantar contra la oficial: "no tenés vergüenza, por la plata no se alienta".
Ese cantito y el hecho de que algunos de los suyos terminaran golpeados, hizo que la barra oficial se pusiera las pilas y dijera "hasta acá llegamos". Decidieron ir a buscar a los chilenos, pero también a dejar en claro quién manda. Armaron un plan zarpado: mientras un grupo hacía de señuelo, otro, con unos 60 "piernas" como les dicen ellos, saltó por las piletas y se metió por adentro del estadio, como si nada, directo a la tribuna visitante.
La impunidad fue total. Los pocos guardias de seguridad privada que había se hicieron los distraídos, y los barras pasaron como pancho por su casa. Así, apenas terminó el primer tiempo, se metieron en la tribuna de los chilenos, que ya estaba casi vacía. Lo que siguió fue una humillación: a los hinchas de la U les sacaron la ropa, los filmaron y los molieron a palos. Cuatro terminaron internados, dos de ellos muy graves, mientras que la policía solo detuvo a 111 chilenos. ¿Y los barras del Rojo? Se fueron sin problemas.
Ahora, la Justicia, con el fiscal Mariano Zitto, tiene que investigar este bochorno. Por ahora lo caratuló como algo menor, pero las imágenes son elocuentes y se espera que cambie a tentativa de homicidio. Lo más grave es que esta masacre podría cambiar el mapa de la barra de Independiente. La facción disidente, que venía perdiendo, ahora cree tener chances de pelear el poder, porque la protección política y policial de los "oficiales" se les cayó a pedazos. Esto, claro, solo anuncia más batallas en el futuro. Un verdadero desmadre.