¡Se armó un quilombo en el MALBA! Un pintor famoso no se guardó nada por un supuesto plagio que salpica a Ciruelo
La movida del arte está que arde: el pintor Santiago Caruso salió a cruzar al MALBA por una obra que parece un calco de Ciruelo, reabriendo el debate sobre el plagio y la autoría en el arte.
Para Santiago Caruso, si te copiás una obra y te la adjudicás sin nombrar de dónde salió, eso es plagio. Así de claro lo dejó en una entrevista, refiriéndose al conflicto que estalló por la muestra "El desentierro del diablo" en el MALBA. La discusión, que escaló rápido en internet, revivió viejos debates sobre dónde está el límite entre el homenaje, la apropiación y la copia lisa y llana en el arte de hoy.
El quilombo arrancó cuando el mismísimo Ciruelo Cabral, un artista con millones de seguidores en Instagram, fue a ver la exposición y se encontró con una pintura que era un calco de una de sus creaciones más reconocidas, "Dragon Caller", de 2005. Ciruelo lo compartió en sus redes y la gente, sin dudarlo, salió a bancarlo, llenando de críticas a Bencardino.
Ante la magnitud del escándalo, el MALBA sacó un comunicado para intentar bajar los decibeles, diciendo que es "una práctica corriente en el arte contemporáneo que los artistas tomen otras obras". Aseguraron que Bencardino y su equipo mencionaban en los recorridos que se inspiraban en Ciruelo y otros grandes. Pero Caruso fue contundente: el problema es que la obra expuesta no tenía ninguna mención clara a Ciruelo, y eso no es lo mismo que un "homenaje" blanqueado.
Caruso insistió en que, si bien el arte puede tomar ideas de otros, eso tiene que estar bien claro y reconocido, porque si no, afecta el buen nombre del autor original y hasta su patrimonio, ya que las obras se venden. Para él, el consentimiento es fundamental en estos casos, y la falta de atribución es un problema ético y económico.
La discusión se corrió entonces al prestigio de las instituciones. "Me preocupa cómo un artista contemporáneo, avalado por el peso del Malba, puede legitimar un plagio y lavarlo con un simple comunicado", disparó Caruso. Remarcó que los museos tienen un rol clave en validar y debatir los límites del arte y la autoría, y en este caso, no estuvieron a la altura.
La polémica también dejó picando la pregunta sobre cómo circulan las imágenes hoy y el valor de lo original en tiempos donde todo se comparte al instante. Caruso incluso lo comparó con lo que pasa con la inteligencia artificial generativa, que "toma obras de cualquiera, genera derivados y liquida el valor del trabajo humano. Eso precariza el trabajo de quienes estamos creando hoy".
Y así, la discusión quedó picando: ¿hasta dónde llega la "inspiración" y cuándo se cruza la línea del afano? Para Caruso, el papel de un museo tan importante como el MALBA en estas cosas es clave, porque avalar un plagio con un comunicado es, cuanto menos, preocupante.