Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.delsurdiario.com/a/62515
Guerrero Marthineitz

Hugo Guerrero Marthineitz: El genio de la radio que rompió moldes y terminó solo en la indigencia

A 15 años de su partida, recordamos a Hugo Guerrero Marthineitz, el locutor que marcó una época con su estilo único y transgresor, pero que, tras el éxito, enfrentó un triste final en la calle y sin un peso.

Hugo Guerrero Marthineitz: El genio de la radio que rompió moldes y terminó solo en la indigenciaCrédito: Infobae

"Me rasco. ¿Tú no te rascas?", soltaba Hugo Guerrero Marthineitz al aire, sin filtro, en pleno programa. Ese era el "Peruano Parlanchín", o simplemente el "Negro", un tipo que se animó a romper todos los moldes de la radio y la tele argentina. Logró ser un referente en los medios, pero la vida le jugó una mala pasada: hace 15 años, un 21 de agosto de 2010, falleció en el Hospital de Clínicas, a los 86, sumido en la indigencia. Meses antes, lo habían internado desnutrido y él mismo había confesado: "A veces duermo en la calle". Una historia que te llega al alma.Su camino no fue fácil desde el principio. Nació en Lima, Perú, en 1924, hijo de una modista y un mayordomo, con padres separados antes de que él naciera. De chico, para ayudar en casa, hizo de canillita y lustrador. Su destino cambió cuando entró como "che pibe" en Radio Mirasoles y descubrió que lo suyo era el micrófono. Después de pasar por Chile y Uruguay, se instaló en Argentina en 1955, y acá encontró su lugar para brillar, no solo con su voz inconfundible, sino con su maestría para manejar los silencios, creando climas únicos.En la radio, fue un adelantado. Impuso las llamadas de los oyentes, cortaba programas con carcajadas o se ponía a cantar sobre la música, algo impensado en esa época. Llevó al éxito ciclos como "El show del minuto" y "Reencuentros". Pero donde se lució de verdad fue en "A solas", su programa de Canal 9 que debutó en 1984. Con una simple mesa y una taza de café, a la medianoche, alcanzaba picos de rating zarpados. Se animaba a preguntar de todo, incluso sobre temas sexuales, incomodando a sus invitados y rompiendo con la formalidad de la recién recuperada democracia.Su talento le valió grandes reconocimientos: ganó un Martín Fierro en 1986, el Konex de Platino en 1987 y el Éter a la trayectoria en 2007. También fue un escritor respetado. Cuentan que en sus mejores épocas, ganó fortunas, incluso en dólares, cuando la plata circulaba distinto. Pero, como bien se dice, si no se administra bien, el dinero se esfuma. Y, por razones que solo él supo, Guerrero Marthineitz llegó al final de su carrera sin un solo ahorro.La caída fue dura. Perdió sus propiedades y se vio ahogado en deudas. Buscó ayuda, pero las puertas no se abrían. Llegó a pedir comida a colegas y confesó que pasaba días sin probar bocado. La imagen del "Peruano Parlanchín", el que había hecho un imperio de la simpleza, durmiendo en un banco de Plaza de Mayo, sin techo, solo y en la ruina, es algo que te parte el alma.Aunque sus tres hijos de distintos matrimonios (María Gabriela, Diego y Hugo) lo acompañaron, la situación era límite. En 2009, lo desalojaron de su departamento en Capital. Dicen que, en un momento de desesperación, tiró sus premios por la ventana antes de irse. Mauro Viale intentó darle una mano ofreciéndole trabajo en Radio Rivadavia, pero la cosa terminó mal, con un altercado que, según se cuenta, incluyó golpes y llevó a la intervención policial y, finalmente, a la internación del locutor.Quince años después de su partida, el legado de Hugo Guerrero Marthineitz sigue intacto. Fue un tipo valiente que se plantó ante los gobiernos de facto y desafió todas las reglas. Generó admiración y polémica, pero pocos lograron, solo con su voz, sus silencios y su particular insolencia, dejar una huella tan profunda en la comunicación argentina. Su historia nos recuerda que ni el éxito más grande te asegura un final tranquilo.

Te puede interesar

Últimas noticias

Ver más noticias