¡De no creer! Un documental llevó a negacionistas de la guerra a Ucrania, ¿y qué pasó?
Un director checo armó un viaje para que tres personas que niegan la invasión rusa vean la cruda realidad. El resultado te va a dejar pensando.
Robin Kvapil, el director de 43 años, ya había estado en Ucrania y quedó zarpado con lo que vio. "Esa es una experiencia que no se te va de la cabeza. Es para toda la vida", contó. Y como cineasta, sintió que su única arma era el cine para enfrentar tanto horror. Por eso, de entre sesenta interesados, eligió a Petra, Ivo y Nikola, que tenían sus dudas sobre la realidad del conflicto.
Acá en República Checa saben lo que es la desinformación: una encuesta mostró que la mayoría cree que Rusia usa las fake news para manipular a la gente, y uno de cada tres confesó haber caído en alguna mentira. El servicio de inteligencia checo hasta avisó que la sociedad sigue peleando contra la desinformación, tanto la que viene de Rusia como la de acá.
La película se llama "El Gran Viaje Patriótico", un título con una ironía bárbara, porque es una parodia de cómo los rusos llaman a la Segunda Guerra Mundial. Se estrena justo el 21 de agosto, fecha que para ellos es clave: el aniversario de la invasión soviética de 1968 que aplastó la "Primavera de Praga". El documental arranca comparando ese momento con lo que pasa hoy en Ucrania, mostrando cómo Rusia "está en una guerra de desinformación contra toda Europa".
Y los protagonistas, ¿qué onda? Petra, con padres comunistas, decía que la guerra era "una tontería". Ivo, fanático de las conspiraciones, aceptó que creía en info de internet "aunque no sea verdad". Y Nikola, sin vueltas, afirmaba que Putin es "el único hombre en el mundo que puede detener la locura ideológica de Occidente". ¡Unos personajes!
Kvapil, que ya tiene varios premios por sus documentales, aclaró que su objetivo no era que cambiaran de idea, sino "capturar su contacto con la realidad". Y aunque intentó mantenerse al margen, se quedó atónito varias veces, como cuando Petra se puso a cantar el himno soviético en plena camioneta, camino a la zona de guerra. "Todo lo que aparece en la película está ahí porque sorprende", dijo el director.
Pero la cosa se puso picante cuando visitaron fosas comunes en Izium, una ciudad al este de Ucrania que estuvo ocupada. Ucrania había encontrado más de 440 tumbas ahí. Petra, en un momento, se quejó del olor a pino y la arena fina, ¡como si estuviera en la playa! Y remató: "¡Ya sé por qué este lugar se siente tan raro! ¡Porque todo es falso!". Para ella, era "material excepcional para la propaganda ucraniana". El director lo tomó como un ejercicio de tolerancia, ¡un manso quilombo!
Lo más increíble es que, después de ver tanto horror, los protagonistas volvieron a casa y... ¡nada! "Sigo teniendo la misma opinión", dijo Ivo. Petra insistió: "no he sido reeducada". Kvapil, realista, sabe que una película no cambia el mundo, pero confía en que "esta puede hacer algo bueno". Parece que para algunos, ni la realidad más cruda alcanza para moverles el amperímetro.