Draymond Green se sincera: "En la cancha soy un peligro, pero afuera soy otro"
El campeón de la NBA, conocido por sus quilombos, se abrió en una entrevista y contó cómo controla sus impulsos y el impacto en su familia. ¡Tremendo!
¡Che, bocha de basketboleros! Agárrense que les traigo una confesión que los va a dejar picando. El mismísimo Draymond Green, el ala pivot de los Golden State Warriors, ese que te prende fuego la cancha y no se guarda nada, se puso a hablar de todo en el podcast The Pivot. Y mirá vos, ¡resulta que el tipo es más complicado de lo que parece!
"En la cancha soy una persona distinta", soltó Green, como si nada. El cuatro veces campeón de la NBA, que lo conocemos más por sus encontronazos que por sus buenas acciones, dice que el tipo que ven jugar no es el mismo que anda por la vida. ¿Será verdad?
Según cuenta, le costó un Perú aceptar que tiene esa doble personalidad. "En la cancha, mi ventaja es mental. No soy el más rápido ni el que salta más alto, pero llego donde otros no pueden. Gracias a eso gané cuatro campeonatos, ¡pero también me trajo problemas!", confesó.
El tipo se fue para atrás en el tiempo y contó que su actitud viene de cuando era pibe en Saginaw (Michigan). Ahí, si no eras vivo, te comían crudo. Se acordó de cuando tenía tres años: ¡agarró una bici, fue al almacén y exigió papas fritas como si fuera el dueño del mundo! Su abuelo le tuvo que pagar la deuda, pero la lección le quedó grabada a fuego: ¡nunca agachar la cabeza ante nadie!
Claro, esa mentalidad le trajo más de un dolor de cabeza. En la NBA, donde los roces son moneda corriente, no todos entienden su código. "Cuando pasó lo de Jordan Poole, me di cuenta de que no todos comparten la misma idea. Fue un baldazo de agua fría", admitió Green.
Y el tipo no se hace el sota: reconoce que a veces se le va la moto. "He dicho cosas de las que no me siento orgulloso, incluso sobre familiares fallecidos de otros jugadores. Pero hay dos cosas que nunca toco: la pareja y los hijos de un rival. Eso es inaceptable para mí", aseguró.
Pero lo que más le duele es el impacto que su comportamiento tiene en su familia. "Mi madre ya no ve los partidos, solo revisa el marcador porque le genera ansiedad. Mi esposa tuvo que cerrar los comentarios en redes sociales por los ataques que recibe. Incluso mis hijos llegan del colegio preguntando por cosas que escuchan sobre mí", se lamentó.
¡Imaginate! El tipo llegó a pensar en dejar todo para "proteger a los suyos de sí mismo". ¡Tremendo! Pero parece que se puso las pilas y empezó terapia para controlar sus impulsos. Veremos si le da resultado.
Y hablando de compañeros, Green también habló de su relación con Stephen Curry, con quien compartió 13 años en los Warriors. "Nos subestimaron a todos. La base de nuestro éxito es que cubrimos las debilidades del otro. No hay Draymond sin Steph, ni Steph sin Klay (Thompson). Nos necesitamos mutuamente", afirmó.
En fin, una charla a corazón abierto de un tipo que, adentro de la cancha, es un volcán, pero que afuera intenta ser una persona normal. ¿Lo logrará? El tiempo dirá. Lo que sí está claro es que Draymond Green no deja a nadie indiferente. ¡Y eso, amigos, es un golazo!