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Reflexiones

¿Quién firma acá? El autor fantasma y el arte en tiempos de Inteligencia Artificial

Del anonimato en el arte a la IA: un viaje por la historia de la autoría y cómo la tecnología desafía nuestra idea de quién crea. ¿El futuro del arte será sin firma?

¿Quién firma acá? El autor fantasma y el arte en tiempos de Inteligencia ArtificialCrédito: Infobae

Che, ¿te imaginás un mundo sin nombres? Un quilombo bárbaro, ¿no? Bueno, en el arte, a veces pasa. Hay obras maestras que andan dando vueltas sin que sepamos quién las parió. ¡Un misterio total!


En el 2016, en el Museo del Prado, festejaron al Bosco, un pintor groso. ¡Pero mirá vos! Resulta que una de las obras que mostraron, "Mercado de telas de Bolduque", ¡no era de él! Un anónimo total. ¡Tremendo papelón!


Pero mirá vos, la cosa viene de antes. El primer registro de una firma tiene 5 mil años. Un tal Kushim, en Mesopotamia, dejó su nombre grabado en una tabla de arcilla. ¡Un poroto para la historia!


Ahora, ¿por qué un artista necesita firmar su obra? Según los que saben, es para dejar su marca en el mercado o para la posteridad. ¡Para que lo recuerden, viste! Pero antes, en la Edad Media, las obras eran más religiosas, y el artista pintaba para celebrar sus creencias, no para hacerse famoso. ¡Eran los "maestros anónimos"!


Michel Foucault, un filósofo francés que la tenía atada, decía que el autor es como un regulador de la ficción. ¡Como el que pone orden en el despelote! Pero ahora, con la Inteligencia Artificial, ¿quién es el autor? ¿El que programa la máquina o la máquina misma?


Hoy en día, vemos cosas hechas con Inteligencia Artificial. Aunque todavía es medio torpe, hay alguien detrás guiando a la máquina. ¿Pero qué pasa si la máquina hace todo sola? ¿Quién se lleva los laureles? ¿Y la obra? ¿Es una copia de una copia de una copia?


El futuro es incierto, muchachos. Lo que hoy nos parece normal, mañana puede ser un monstruo. ¿Qué pensarán los robots del siglo XXX de nuestra cultura? Capaz que la miran con cara de asco. ¡Quién sabe!


Un alemán llamado Max Friedländer encontró un retablo y no sabía de quién era. Buscó por todos lados, pero no encontró nada. Al final, le puso "Maestro de 1518". ¡Un número! Al final, todos somos un número, ¿no? La historia dirá quién suma y quién resta.


La cosa es que la autoría está cambiando. Con la tecnología, se está poniendo todo patas para arriba. ¿Será que en el futuro no habrá más firmas en las obras de arte? ¡Queda picando la pregunta!

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