El día que una ola de violencia antisemita estalló en la Argentina: disparos al grito de "Viva Eichmann" y un estudiante herido
Revivimos un episodio oscuro en un colegio porteño: la escalada de violencia antisemita que culminó con un estudiante baleado. Tacuara, antisemitismo y la impunidad de una época.
¡Che, gente! Agárrense que hoy les traigo una historia que te deja helado el mate. Corría el año 1960, y mientras en el mundo se cocinaban cosas heavy, acá en Buenos Aires, en el Colegio Nacional "Domingo Faustino Sarmiento", se vivía un clima de terror.
Resulta que un grupo de pibes, enrolados en la Unión Nacionalista de Estudiantes Secundarios (UNES), que eran como la juventud del ultraderechista Movimiento Nacionalista Tacuara (MNT), se habían dedicado a hacerle la vida imposible a sus compañeros judíos. Pintadas, insultos, amenazas... ¡un quilombo!
La cosa explotó un 17 de agosto, después de un acto patrio. Según un informe policial, hubo "intercambio de disparos" cerca del colegio, pero la verdad es que los tacuaras salieron a cazar a sus "enemigos". En la esquina de Cerrito y Arenales, lo cercaron a un grupo y le gritaron de todo, vivando a Eichmann, el nazi que habían secuestrado los israelíes.
Uno de los pibes, Edgardo Manuel Trilnik, de 15 años, recibió un balazo y cayó al piso. "Me la dieron", alcanzó a decir. Por suerte, sobrevivió.
Este ataque fue uno de los puntos más altos de la violencia antijudía que se vivió en el país en esa época, como cuenta el historiador Emmanuel Kahan en su laburo "La ‘epidemia de la esvástica’ en Argentina".
¿Quiénes eran los Tacuara? Un grupo falangista, nacionalista, antisemita y anticomunista que actuaba como patota. Querían restaurar la enseñanza religiosa y meter un Estado Nacional-Sindicalista, onda Franco en España. Creían que había conspiraciones judías y comunistas para dominar el mundo, y reivindicaban a Hitler y Mussolini. ¡Una locura!
Después del ataque a Trilnik, siguieron los atentados contra colegios judíos y sinagogas. En 1962, secuestraron a una estudiante judía, Graciela Sirota, la torturaron y le marcaron una esvástica en el pecho. ¡Imaginate el horror!
Y en 1964, asesinaron a Raúl Alterman, un pibe judío y comunista. Los Tacuara le mandaron una carta a los padres: "Nadie mata porque sí nomás; a su hijo lo han matado porque era un perro judío comunista". ¡Qué nivel de odio!
Lo peor de todo es que casi nunca agarraban a los responsables de estos ataques, porque tenían contactos con la policía y con sectores del poder. Los gobiernos prometían investigar, pero todo quedaba en la nada.
Esta historia nos recuerda que el odio y la intolerancia pueden llevar a cosas terribles. Es importante que no nos olvidemos de esto para que nunca más se repita.