Marixa Balli, a las piñas por una perrita callejera: ¡Amenazas y botón antipánico!
La panelista de LAM se metió en un quilombo bárbaro por defender a un hombre en situación de calle que le quieren sacar a su perra. ¡Ahora anda con botón antipánico por las amenazas!
¡La que se armó, muchachos! Nuestra querida Marixa Balli, siempre comprometida con los animales, se metió en un lío bárbaro por defender a un hombre en situación de calle y a su perrita Lola.
Resulta que Carlos, así se llama el hombre, vive en la calle y crío a Lola desde que nació. Pero un grupo de rescatistas, parece que con el prejuicio de que Carlos no puede cuidarla bien, ¡le sacaron la perrita! Marixa, ni lerda ni perezosa, se puso las pilas para ayudarlo a recuperarla, pero la cosa se puso heavy.
Según contó la panelista en sus redes sociales y en Intrusos, recibió amenazas ¡tremendas! de parte de las supuestas rescatistas. "Estoy recibiendo amenazas terribles de las que se hacen llamar rescatistas y tienen páginas (de defensa animal). Ya realizamos la denuncia penal", contó Marixa.
La cosa llegó a tal punto que la justicia le dio un botón antipánico. "Hoy me entregan el botón antipánico. Pedido del fiscal por el grado de amenazas", explicó Marixa, preocupada por su seguridad y la de Carlos.
Al parecer, el conflicto viene de antes. "Un señor tenía una perra que vivía en la calle y las rescatistas la sacaron, Carlos hizo el reclamo y Marixa logró que esa perra volviera a Carlos", explicaron en Intrusos.
¡Pero pará que hay más! En una entrevista reciente, Marixa contó una anécdota ¡zarpada! de cuando era más joven. Resulta que un veterinario le hizo un delineado permanente de labios mientras castraba a su gato. "Fue un desastre porque usó unas agujas que me perforaron el labio. ¡Dejate de joder! ¡Un horror!", relató entre risas. "Era pendeja, estaba en mi mejor momento televisivo y era muy estúpida. Viste que la fama por momentos te estupidiza".
Volviendo al tema de Lola, esperemos que todo se solucione pronto y que Carlos pueda volver a estar con su perrita. Y a los rescatistas, ¡un poquito de sentido común y menos amenazas, por favor! Porque al final, ¿de qué rescate estamos hablando?
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